Julia de Burgos: diez acotaciones apologéticas en torno a su poesía (3 de 10) - EntornoInteligente

Diario Libre / Si el benevolente lector ha hecho aprecio de lo hasta aquí planteado sobre la pujanza del numen de la empinada autora de “Poema en veinte surcos”, no creo juzgue fuera de lugar la conjetura de que tanto la índole apasionada de su expresión como la tonante elocuencia tribunicia, arengadora que la caracteriza en sus más significativas trovas, guarda relación con el empleo pertinaz del expediente retórico de la esticomitia, denominación poco afortunada que a lo que apunta es a una “Correspondencia exacta entre las frases y versos de una estrofa, de forma que cada verso sea una frase”; o, como lo recoge el Diccionario de la Real Academia Española en su segunda acepción: “Verso en el que la unidad sintáctica coincide con la unidad métrica.”

Sea lo que fuere, a ojo grueso cabe comprobar que la poetisa antillana se arrima con empedernida insistencia al efugio estilístico mencionado, estrategia retórica que, si estoy al cabo de lo que pasa, contribuye notablemente a robustecer su lirismo febril, raudo y vibrante; pues al aunar en el espacio breve del enunciado métrico del verso una idea cabal y nítida junto a un melodioso fluir de sensaciones e imágenes, la energía de la expresión se acrecienta de manera avasalladora.

Va de suyo que el mecanismo de intensificación verbal a que vengo de referirme no es en Julia resultado de cálculo o de fría premeditación sino que, por el contrario, el ardoroso temperamento y formidable vitalidad de su persona son los que, por modo espontáneo, hallan en dicho procedimiento lingüístico la más expedita forma de comunicar lo que la mente y el corazón atesoran.

En todo caso, como no es mi intención ganar albricias con embustes, en punto a corroborar la exactitud de lo que he dado en afirmar acerca de la prodigalidad con que el plectro de la aeda puertorriqueña se aviene a la fórmula de la esticomitia, se me concederá que acuda al ejercicio de incuestionable validez de la ejemplificación… Abro al azar una de las antologías que reúne la casi totalidad de la producción poética de Julia de Burgos y doy con los versos que de inmediato transcribo: (ÍNTIMA): “Se recogió la vida para verme pasar./Me fui perdiendo átomo por átomo de mi carne/y fui resbalándome poco a poco al alma.”

Según es de ver, la apremiante gravedad de la estrofa que antecede en nada deleznable medida deriva su poder conminatorio y lapidario perfil del hecho de haber logrado hacer coincidir la poetisa, en condensada y feliz enunciación, idea, metro y sentir; abordaje que, como sostuviéramos párrafos atrás, lejos de asomar ocasionalmente en las páginas de sus tres ineludibles poemarios, se nos vuelve allegadizo de puro ser traído a las estrofas una y otra vez con paradigmática porfía. Y como no soy del número de los que acostumbran a vender la piel del lobo a guisa de vellón de cordero pascual, avecindado al propósito de demostrar que en lo relacionado con la cuestión que estamos sometiendo a escrutinio no falto a la verdad ni incurro en pecadora hipérbole, me tomaré la libertad de abrir nuevamente a la buena de Dios la antología que recopila los poemas de Julia, cosa de que trasponiendo a esta cuartilla dos ilustrativos ejemplos más de versos de la espléndida cantora caribeña, demos remate por modo que aspiro sea convincente al tema estilístico en cuyo tratamiento, acaso para impaciencia o aburrimiento del lector, he derrochado excelente tinta y mejor papel que el que menester hubiera sido… A continuación los ejemplos anunciados: (CORTANDO DISTANCIAS): “Chispeado de luces del rumbo futuro/que adviértese en todas las nuevas llamadas,/de espalda al prejuicio y a solas contigo,/llegaste a mi vida cortando distancias.//Distancia de innobles pisadas sociales./Distancia de huellas de loca avanzada./Distancia de credos, de normas, de anhelos./Distancia de todo lo que hace la nada.”

Sólo una mente refractaria a lo notorio y cierto se atrevería a escatimar a las dos subyugadoras estrofas ut supra reproducidas la irresistible fuerza expresiva que aflora y -digámoslo en lenguaje paladino- nos atropella y seduce merced en no chica parte al mecanismo estilístico que, quizás con asiduidad extemporánea, ha ocupado hasta ahora nuestra atención.

Empero, como lo prometido es deuda, un postrer ejemplo que en el mismo sentido que los precedentes enfila a esclarecer el asunto que hemos puesto sobre el tablero no me luce improcedente ni creo tampoco vaya en merma de nuestro provecho y placer. Helo aquí: (NADA): “Como la vida es nada en tu filosofía,/brindemos por el cierto no ser de nuestros cuerpos.//Brindemos por la nada de tus sensuales labios/que son ceros sensuales en tus azules besos;/como todo lo azul, quimérica mentira/de los blancos océanos y de los blancos cielos.//Brindemos por la nada del material reclamo/que se hunde y se levanta en tu carnal deseo;/como todo lo carne, relámpago, chispazo,/en la verdad mentira sin fin del universo.”

Pocas plumas conozco que al igual que la de Julia sean capaces de enseñorearse de las palabras en punto a obsequiarnos trova recia y bizarra como la que antecede, cuya incomparable belleza de irónica catadura metafísica, esculpida a golpes de íntimas certidumbres, se abre paso a través de la rebelde naturaleza convencional de la lengua para exhumar, en virtud del sentir que en los hontanares del misterio del Ser ahonda, la fragancia sutil que el frasco del verso contiene y que, para júbilo nuestro y de cuantos a la vera poesía rinden parias, con caudaloso desprendimiento se derrama.

Tal vez las apreciaciones hasta el presente amonedadas sobre este martirizado cuadernillo den pábulo a que la voraz jauría de los críticos académicos -¡Dios me libre de caer en sus fauces!- pongan en entredicho -no sin desdén y sorna- la ponderación del estro lírico de de Burgos que me he comprometido a adelantar… Sea. Que en canje de empingorotada autoridad doctrinal de la que carezco, persistiré yo sin que se entibie mi celo en tentar fortuna enfrascado en la tarea deleitosa de curiosear por entre las prendas que exornan la voz poética opima, entrañable, de la autora de la “Canción de la verdad sencilla”.

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Con Información de Diario Libre

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