Entre Dios y el César… - EntornoInteligente

Region de Oriente / Un nuevo movimiento se está presentando en el mundo. Candidatos evangélicos están postulándose y ganando elecciones en diversos países en los cinco continentes. Desde presidentes, gobernadores, alcaldes y concejales, la política entró a las iglesias protestantes en una sociedad en decadencia que busca desesperadamente una tabla moral de donde asirse. Y es que sobre el trasfondo de los movimientos religiosos que llevaron al poder a un alcalde en Río de Janeiro contario al carnaval, hoy un pastor, periodista y cantante evangélico podría ascender al sillón presidencial costarricense al pasar contra todo pronóstico a una segunda vuelta que se llevará a cabo en abril contra un político tradicional y ducho del país tico. Sobre este nuevo fenómeno político, el escritor José Luis Pérez Guadalupe, autor de “Entre Dios y el César”, publicado por la Fundación Konrad Adenauer y el Instituto de Estudios Social Cristianos, aclara que “…si bien en la década de 1980 los intentos por consolidar “partidos confesionales evangélicos” fueron un fracaso, desde la década de 1990 se viene consolidando el neopentecostalismo. Su propuesta no es política ni técnica. Ellos atraen a través de una agenda moral. De “adecentar la política” han pasado a centrarse en temas provida, profamilia y contra el matrimonio homosexual. Aunque los neopentecostales son sólo una parte de los evangélicos, estos se aglutinan en torno a estos temas. Y también el conservadurismo católico. Aunque los unos siguen siendo anticatólicos y los otros antievangélicos, en estos temas van juntos”. Sin embargo, el autor hace una diferencia sustancial entre lo que considera “evangélicos políticos” y “políticos evangélicos”. “Ser un político evangélico –o católico, o de izquierda, o de derecha– es participar activamente en la política, en algún movimiento ciudadano. Que tenga convicciones religiosas, ciudadanas, ideológicas es válido, normal y saludable. Pero a lo que nos enfrentamos ahora es a “evangélicos políticos”. Son pastores, no políticos; moralizadores, no gestores. Pretenden trasladar su popularidad religiosa al ámbito electoral. Sin embargo, pasadas las elecciones, su participación política –en la economía, en la inseguridad ciudadana– es nula, porque no tienen nada que ofrecer. Cuando digo no tienen sentido de ciudadanía ni siquiera me remito al tema internacional, sino que dentro de sus mismos países ellos no han formado ciudadanos. Están apelando a creyentes, aludiendo al sustrato cristiano de América Latina”. Por eso, el autor asegura la participación evangélica en la política, va en contra de las enseñanzas de Jesús, que soltó la moneda y la lanzó bajo el argumento: al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Por ello, Pérez Guadalupe, asevera “…que la moneda sea para el César significa que no hay rechazo a las autoridades instituidas. Pero que cada uno a lo suyo. No confundamos el ámbito de la religión con la política y menos el Estado con la Iglesia. Como ahora: las personas pueden ser creyentes cristianas, pero quien vota es el ciudadano. Y si la mayoría tiene un pensamiento valorativo respecto a un tema, que se exprese en los ámbitos delimitados. Peligrosísimo me parece que, como lo está haciendo Fabricio Alvarado en Costa Rica, se quiera llegar a la Presidencia proponiéndose como la promesa de Dios. Esta propuesta teocrática entra en el campo del integrismo religioso”. Sin embargo, la polémica sobre la participación de pastores evangélicos en procesos electorales por todo el orbe cobra fuerza en medio de un ser humano que ha perdido todo vestigio de humanidad, y como dice el Maestro Jesucristo “han enfriado el amor en sus corazones, por eso es tanta la maldad”. Lo cierto es que los candidatos evangélicos están ganando elecciones, y aunque muchos no lo sepan, detrás de Barack Obama, estaba un pastor evangélico del protestantismo renacido, que lo asesoraba en temas como pobreza, salud, educación sexual, derechos humanos, migración, seguridad social, tratamiento de políticas para drogadictos y otros temas.  Aunque el autor en su libro “Entre Dios y el César” no avala la participación de la comunidad pastoral evangélica en las contiendas políticas, ninguna Constitución del mundo cercena a los pastores el derecho político de ser elegido para un cargo de elección popular, y lo más insólito es que sin experiencia política sus comunidades están votando por ellos como lo han hecho por un actor de cine (Ronald Reagan), o un magnate (Donald Trump), un boxeador de diputado (Mani Paquiao), o un cómico de presidente (Jimmy Morales). Ninguno de ellos tenía experiencia en la política y han aprendido a formar ciudadanos. De allí el debate intenso, y las críticas al libro de José Luis Pérez Guadalupe, porque un hombre de Dios perfectamente puede dirigir una nación, aunque su experiencia haya sido en “salvar almas”, tal como lo han demostrado hombres y mujeres que sin ser políticos se han convertido en excelentes líderes. El liderazgo no viene de la experiencia política, sino de la sensibilidad y el acercamiento del líder a su pueblo y mejor aún si tiene temor de Dios, porque jamás permitirá ver a su pueblo sufrir porque cuando el justo gobierna, el pueblo se alegra…

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Con Información de Region de Oriente

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