En los barrios se votó contra los narcos - EntornoInteligente

La Nacion / Hubo un día en el que el narcotráfico provocó un resultado electoral. El 25 de octubre de 2015, María Eugenia Vidal, una dirigente casi desconocida hasta pocos meses antes, se convertía en gobernadora de Buenos Aires al derrotar a Aníbal Fernández. La reacción contra el avance narco no fue el único factor que cerró la hegemonía peronista de 28 años en la principal provincia de la Argentina, pero formó parte del núcleo esencial de tan rotundo cambio político.

Durante décadas, en el conurbano se venía cumpliendo la misma secuencia que reflejan los estudios sobre la globalización del consumo de drogas, en el último medio siglo. Ese proceso se puede resumir en un par de párrafos. Como un perro que se muerde la cola, la masificación del uso de sustancias prohibidas y el crecimiento exponencial de sus puntos de venta son parte del mismo fenómeno.

Lo que comienza como un hábito social continúa como un problema sanitario y termina siendo una costumbre asimilada por la cultura de cada lugar. La secuencia que se replica en cada lugar continúa con signos aún más dramáticos: las zonas de almacenamiento y distribución de drogas se convierten en un escenario violento que profundiza la marginación. Hay más muertes por la disputa de los territorios y más robos para conseguir recursos que hagan posible acceder a la droga a quienes no tienen con qué comprarla.

Más notas para entender este tema Drogas: revelan un alarmante aumento de los puestos de venta Ese submundo genera millonarios que reparten beneficios entre sus subordinados y que pagan “impuestos” para llevar adelante sus negocios. Los tributos tienen destinatarios recurrentes, aquí y allá: la policía, los fiscales y jueces, y los dirigentes políticos.

Nada nuevo ni mucho menos sorprendente. Lo distinto, esta vez, fue el hartazgo social y la traducción de esa queja en una respuesta electoral. Influyeron las denuncias y las coberturas periodísticas de crímenes y delitos impactantes de los últimos años, pero mucho más colaboró con la decisión del cambio político el registro personal que millones de bonaerenses hicieron del estallido del narcotráfico en su propio barrio. Y más importante todavía: la relación que muchos bonaerenses hicieron entre la venta masiva de drogas que tenían delante de sus ojos con un sistema de impunidad protegido desde lo más alto del poder.

Los estudios que muestran que el narcotráfico se hizo más que visible, omnipresente en muchas zonas, también dejan ver una tendencia en aumento. Fue cada vez más ostentosa y en permanente crecimiento la presencia de las redes de venta. Esa comprobación sin intermediarios chocó de frente con afirmaciones como las de Aníbal Fernández, que siempre negó el problema del narcotráfico mientras las sospechas lo salpicaban de cerca. Muchos bonaerenses votaron por contraste, para no sentirse cómplices.

La respuesta de los bonaerenses que hicieron gobernadora a Vidal sigue siendo una novedad política, en tanto que implicó un rechazo a la naturalización de una desgracia. Ese cambio tiene todavía muchas asignaturas pendientes, más allá y más acá de los próximos resultados electorales.

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Con Información de La Nacion

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