En esta etapa final de mi vida, prefiero estar concentrado en la literatura: Gonzalo Celorio - EntornoInteligente

Cronica / El escritor, catedrático y funcionario Gonzalo Celorio (1948) cumple 70 años, conmemoración a la que llega pleno, con la reciente publicación de un libro, impartiendo clases, futuros proyectos, aún con cosas por decir, pero sobre todo por aprender. Gonzalo Celorio recibió a Crónica en su casa ubicada al sur-poniente de la Ciudad de México, en donde habló de sus inicios como escritor, así como de los cargos como funcionario que ha desempaño al frente del Fondo de Cultura Económica (FCE), la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), la Academia Mexicana de la Lengua (AML) y Difusión Cultural de la UNAM.

“No nada más llego. Llego bien, con salud, que ya es una bendición. Llego también con proyectos, actividad, involucramiento en actividades literarias y académicas, sigo impartiendo clases en la Facultad de Filosofía y Letras, a la mitad de una novela y publicación de mis obras ensayísticas en el Fondo de Cultura Económica”. De la carrera a la edad I. De ida es el primer volumen de las obras ensayísticas, mientras que el segundo tomo saldrá en los próximos meses, titulado De la carrera a la edad II. De regreso , aunado al homenaje que recibirá hoy en el Palacio de Bellas Artes. “Frente a un homenaje uno siempre tiene dos actitudes que resultan molestas: Si dices que no te lo mereces, pecas de falsa modestia, y si dices que lo mereces, pecas de arrogancia. Lo cierto es que es un homenaje que no busqué, surgió por iniciativa de la Coordinación de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes”. En el evento que se llevará a cabo hoy al mediodía, participarán Eduardo Casar, a quien describe como contemporáneo y con quien ha compartido retroalimentación para nutrir sus creaciones literarias; Fernando Fernández, alumno “de los más brillantes” y difusor de la cultura, y Malena Mijares, colaboradora y su “brazo derecho” en Difusión Cultural. En el coloso de mármol también participarán los Premios Crónica, Ruy Pérez Tamayo, colega suyo en la Academia Mexicana de la Lengua; así como Juan Villoro, al que Celorio califica como una figura relevante dentro de la literatura mexicana. “En esta etapa final de mi vida, prefiero concentrarme en la literatura y ya no andar brincoteando por el mundo con tanto proyecto. Este homenaje se debe al prestigio del sistema decimal, es la oportunidad de estar en una especie de diálogo o confrontación con quienes participarán, que proceden de lugares, instituciones y edades diferentes”. ESCRITOR. Gonzalo Celorio confiesa que nunca  tuvo dudas de su vocación en el mundo de literatura y gusto por las palabras, pues, recuerda, es el undécimo hijo de una familia de 12, y entre sus hermanos estaba su hermano arquitecto, a quien describe como culto y conocedor del arte novohispano. “Fui su consentido. Me enseñó a decir unas palabras que no entendía, me hizo memorizar incomprensibles frases como ‘Te quiero hasta la última estrella de la Vía Láctea’, que declamaba cuando yo tenía cinco años frente a su novia, desde entonces supe que la palabra me granjeaba identidad, no que quería ser escritor, sino que en la palabra estaba la fuerza, energía y felicidad”. El gusto por la palabra lo llevó desde pequeño a leer poesía, actividad que aún realiza, además de incursionar en otras disciplinas, como el teatro, pues en la preparatoria, de 1964 a 1966, fue a una institución particular, donde conoció a un profesor que daba clases en San Ildefonso. Desde su primer contacto con la UNAM, actúo bajo la dirección de Enrique Ruelas, fundador del Festival Internacional Cervantino, con quien representó obras como Hipólito, de Eurípides, así como Otelo y Romeo y Julieta, de Shakespeare, entre otras. “Ese gusto por el teatro no me distrajo de mi vocación literaria, sino que acentuó mi gusto por la palabra, no tuve ninguna vacilación en estudiar la carrera de Letras. Pueden pensar que estudiar la carrera de Letras y ser escritor son incompatibles, pero no, quien estudia Letras no se forma como escritor, la Universidad no forma escritores sino lectores profesionales. No todos los lectores son escritores, pero no hay ningún escritor que no sea lector”. El escritor asegura que sus estudios en Letras le permitieron obtener un panorama general de la producción literaria de diferentes épocas, aspecto que ha reforzado con la enseñanza. “Soy un escritor riguroso, tardado, no porque me lo haya propuesto, sino porque ese el ritmo que tengo. He tenido la fortuna de poder desarrollar una obra literaria que se maneja en dos vertientes: creación novelística y el ensayo literario, géneros que no considero tan diferentes. Mis ensayos son muy narrativos y mis novelas muy ensayísticas”. ESTILO. Actualmente, Gonzalo Celorio trabaja en Los apóstatas , novela que forma parte de una trilogía conformada por Tres lindas cubanas y El metal y la escoria, pero a la luz del tiempo, ¿cómo define su estilo? “Siempre he tenido voluntad de estilo, que así llamaba Carlos Fuentes a la necesidad de expresarse de una manera inconfundiblemente personal, que lo que uno escriba no se parezca a lo que escriba nadie más, sino encontrar la voz propia, tarea que puede llevar incluso varias décadas”. Celorio se dice influenciado por las últimas resonancias del boom de la literatura hispanoamericana, que abrió el camino de la experimentación formal, riqueza estilística, pues había preocupación por la forma y el juego de palabras, constatable en Amor propio , su primera novela. “Conforme ha pasado el tiempo, mi lenguaje es menos pretencioso y me representa mejor, ya no tengo que experimentar nada, porque los experimentos que hice ya me funcionaron, entonces los aplico. No me preocupa ser repetitivo, no hay escritor que no lo sea. Soy repetitivo, recursivo, porque todavía tengo que decir cosas, lo triste es que se acabe la vida cuando no has podido escribir ni una milésima parte de lo que quisieras escribir”. MAESTRO. Desde antes de terminar sus estudios, Gonzalo Celorio comenzó a impartir clases, porque, dice, la docencia es una actividad a través de la cual puede compartir, tanto que este año cumple 44 años de ser profesor en la Facultad de Filosofía y Letras, pero antes de la UNAM estuvo en la Universidad Iberoamericana y el Instituto Politécnico Nacional. “No quiero decir que soy el maestro de fulano, zutano o mengano, son los alumnos quienes tienen que reconocer a sus maestros. Uno aprende más cuando enseña que cuando aprende. Mi vida ha sido hablar de literatura, compartir el gusto y amor por los libros”. Al recordar quiénes fueron sus maestros, el escritor recuerda dichas cátedras de Sergio Fernández, “que combinó la creación literaria con el estudio de la literatura y el disfrute de la docencia, alguien que me enseñó a confundir la vida y la literatura”, y Luis Rius, “uno de los grandes hijos del exilio español”. Entre sus maestros también se encuentran Rubén Bonifaz Nuño, quien fue profesor de latín, de quien aprendió su gusto por la palabra, así como Edmundo O’Gorman, a quien define como su “abuelo académico, nunca fui su alumno formal, lo conocí fuera del aula, qué bueno porque era muy despiadado con sus alumnos”. El escritor se declara discípulo de figuras como Juan José Arreola y Rosario Castellanos, a quienes también conoció en la UNAM, institución en la que prefiere dar clases de licenciatura y no en posgrado, porque “los estudiantes de licenciatura están enamorados de la literatura y los alumnos de doctorado están enamorados de la academia”. Como maestro, Celorio se describe como un docente al que pide a sus alumnos que le enseñen, al tal grado que nadie saca la más alta calificación si no ha aprendido nada de él o ella. “Preferiría que los alumnos se expresaran, ellos son los protagonistas de los cursos, aunque me considero un maestro exitoso”, porque tiene muchos alumnos, quienes abarrotan sus clases, algo alentador pues le siguen no sólo por su currículum. “Los jóvenes no tienen tanta experiencia como los viejos, pero sí más imaginación. Nunca he suscrito que las nuevas generaciones van en decadencia, apuesto por la juventud”. FUNCIONARIO. Gonzalo Celorio estuvo a cargo de Difusión Cultural por nueve años, trabajó en el Fondo de Cultura Económica, la Academia Mexicana de la Lengua y la Facultad de Filosofía y Letras, entre otras instituciones, pero ¿cuál es la diferencia entre el escritor, el catedrático y el funcionario? “Soy un escritor que funciona, soy un escritor y punto, es mi vocación, escritor es lo sustantivo, lo demás es adjetivo, además son actividades que me ha gustado ejercer, porque no he sido un funcionario como los del PRI, dos años están en Hacienda y otros dos en Sedesol”. Asegura que haber trabajado en diferentes instituciones no son contradicciones, pues estuvo en contacto constante con el ámbito cultural, es decir, fueron funciones complementarias, que le han dado riqueza y personalidad. Celorio también es miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, organismo del cual fue secretario por 11 años, trabajo que tampoco considera traición hacia su profesión escritural. “Dicen que soy egresado de la UNAM, y no, porque desde que entré nunca he salido”, institución a la que reconoce principalmente por tener una comunidad diversa, con un aparato ingente para promover la cultura. Celorio fue titular del Fondo de Cultura Económica, aunque por poco tiempo, situación que lamenta. “El Fondo es una institución que tiene proyección panhispánica, de la cual el sociólogo Helio Jaguaribe decía que era su gran maestro, la educación superior no podría entenderse sin el Fondo”. El escritor señala que cerca del 50 por ciento del catálogo del FCE son obras traducidas de otras lenguas, con lo que el lector mexicano tiene oportunidad de “poseer un mundo. En toda la industria de Estados Unidos no llegan al 4 por ciento de libros traducidos de otras lenguas, lo cual quiere decir que los gringos se ven el ombligo, no conocen el mundo”. Reflexiona sobre los bajos índices de lectura en México, pero que al mismo tiempo lo hacen reforzar su idea sobre el FCE, pues “en última instancia, la lectura de unos, puede beneficiar a los que no leen”. HOGAR.Ubicada al sur poniente de la Ciudad de México, la casa de Gonzalo Celorio forma parte de un conjunto habitacional, pero que antes de adquirirla, él buscaba un lugar que tuviera doble altura. Recuerda que el terreno era obra negra, pero al término del proyecto presentó “una casa dedicada a la literatura”. Construyó una biblioteca de dos niveles, la terraza la convirtió en su estudio, en donde hay un espacio para sus premios, como el Premio Nacional de Ciencias y Artes (2010). En el segundo nivel de la biblioteca, los libros están acompañados por fotografías en las que Gonzalo Celorio aparece junto a figuras como Julio Cortázar, Carlos Pellicer, Alfredo Bryce Echenique, Eduardo Cazar, Hernán Lara Zavala, Álvaro Mutis, Carlos Fuentes, Fernando del Paso, Umberto Eco, Günter Grass, Leonardo Padura y Gabriel García Márquez, por mencionar algunos. En la biblioteca están sus obras, tanto en español como traducciones al francés, italiano o portugués, además de tesoros como Cien años de soledad , que García Márquez le dedicó: “Para Gonzalo, que convirtió este ejemplar en un incunable el 4 de septiembre de 2003, con la gratitud del amigo, amigo”. Una recámara fue convertida en una mezcla de bar-biblioteca, pues las bebidas predilectas son a mediodía el tequila y en la noche la ginebra. Otra recámara funge como continuación de la biblioteca que cuenta con 12 mil volúmenes, acervo que ha contemplado donar, aunque, “no está definido, tengo que verlo”, lo que sí asegura es que estará el 1 de junio en la Universidad de Roma La Sapienza, para presentar sus ensayos. ➣ El evento conmemorativo de Gonzalo Celorio, 70 años, se llevará a cabo hoy, a las 12:00 horas, en la Sala Manuel M. Ponce, del Palacio de Bellas Artes.   Imprimir

En esta etapa final de mi vida, prefiero estar concentrado en la literatura: Gonzalo Celorio

Con Información de Cronica

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