El sindicalismo empieza a rendirse ante Macri - EntornoInteligente

La Nacion / El sindicalismo comenzó a rendirse ante los pies Mauricio Macri mucho antes de comprobar el triunfo electoral que pronostican la mayoría de las encuestas para el domingo próximo. Una doble ironía: la claudicación gremial fue escenificada en el coloquio empresario de IDEA por Antonio Caló , el jefe de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y ex jefe de la extinta CGT kirchnerista.

Entre los sindicalistas más aggiornados que utilizan a diario Whatsapp, circula desde hace unos días un video del coloquio de IDEA en el que Caló reconoce los altos costos laborales, la tregua que la CGT selló con la Casa Rosada y hasta desconoce a Cristina Kirchner como su ex líder política.

“El costo laboral es caro. Todos tenemos que poner un poco, los empresarios también tienen que ganar menos”, dijo Caló a Infobae. Y agregó: “Nosotros estamos acompañando desde que ganó Macri. La CGT hizo un paro y nada más. Otras veces hubiera hecho otros paros. Vamos a tirar para adelante. Nadie quiere la discusión”. Hubo una repregunta sobre una referencia de Cristina Kirchner a la situación de bienestar que tenían los trabajadores hace dos años. “Lo dirá Cristina. Yo quiero mirar para adelante, no para atrás”, remató el metalúrgico.

El giro de Caló le vuelve a dar vida a una de sus frases célebres: “Somos pendulares: un día estamos con uno; otro día, con otro”. Cuando el kirchnerismo y Hugo Moyano rompieron su alianza, Cristina alentó la división gremial y en octubre de 2012 surgió la CGT Alsina, en referencia a la sede de la UOM, donde se había cocinado la alianza en contra el moyanismo. La reunificación de los tres sectores (el de Luis Barrionuevo es el restante) llegó cuatro años después, con Macri presidente.

El giro de Caló le vuelve a dar vida a una de sus frases célebres: “Somos pendulares: un día estamos con uno; otro día, con otro”. Una manera de blanquear el rostro más camaleónico de los sindicalistas.

Pero el viraje tendría otras razones. La primera sería judicial: Caló y la cúpula de la UOM afrontan una causa por lavado de dinero en la que se investigan retornos multimillonarios a través de los seguros de vida y sepelio de los afiliados. Las detenciones de Omar “Caballo” Suárez y de Juan Pablo “Pata” Medina tal vez generaron un efecto disciplinador.

La otra razón sería económica: la industria metalúrgica fue una de las más golpeadas por los coletazos de la crisis en Brasil y por la apertura de las importaciones. Caló teme que se acentúe la caída del empleo en el sector. Sólo en 2016 denunció 3000 despidos y más de 2000 suspensiones. Por eso no le huye ahora al debate sobre la reforma laboral. También por eso calló cuando Paolo Rocca, el líder de Techint, cuestionó los bloqueos como metodología de protesta. “No puede ser que diez personas armadas alrededor de un fogón bloqueen la entrada de camiones en una planta”, dijo el empresario desde el escenario de IDEA. Después miró a Caló, que estaba en el público: “Usted sabe, Caló, que no es con usted: lo sufrimos los dos”. Se refería a Moyano.

Justamente, el jefe camionero fue uno de los pocos sindicalistas que evitó la foto en el coloquio de IDEA. Y eso que fue en Mar del Plata, una ciudad a la que suele escaparse para visitar a su madre, que tiene ya 100 años. Moyano ya comenzó a tomar distancia de sus colegas de la CGT con afiches callejeros en contra de una eventual reforma laboral. Su endurecimiento con el Gobierno estará atado a la suerte de OCA. La compañía postal privada tiene su convocatoria de acreedores en curso, la AFIP le reclama $ 400 millones por evasión impositiva y en los pasillos de la Casa Rosada comparan su descalabro financiero con el Grupo Indalo de Cristóbal López. No habría salvataje oficial para la empresa que Moyano considera casi como propia aunque el ministro Andrés Ibarra le prometió un auxilio para los 7000 camioneros que allí se desempeñan. Está latente, además, una suerte de “OCA 2”, con la firma Urbano, que negocia con el aval de Moyano por fondos Repro en el Ministerio de Trabajo.

La CGT, que asistió en tropa al coloquio de IDEA como no sucedía desde los 90, podrá ahora escenificar una postura combativa o amenazar con poner la guardia en alto si se avanza sobre algunos derechos laborales. El caso Maldonado puso en suspenso por ahora todos los movimientos. Pero lo cierto es que comenzó a rendirse cuando sus dirigentes escucharon impávidos, perdidos en el auditorio, como los empresarios reclamaban al Gobierno limar su poder, bajar costos y flexibilizar las condiciones para despedir personal.

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Con Información de La Nacion

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