El impactante camino del chileno que corrió desde Río hasta Santiago para mostrar los beneficios del veganismo - EntornoInteligente

Emol / SANTIAGO.- Kilómetro 350, día 6 : La madrugada del sábado 12 de agosto de 2017, Matías Anguita llevaba una corta parte de los 3.130 kilómetros que debía recorrer al trote para completar un desafío inédito: Correr desde Rio de Janeiro hasta Santiago en dos meses comiendo sólo comida vegana.

Inició su rutina a las 5:30 de la mañana, 30 minutos antes de lo habitual. Estaba oscuro. Ese día haría mucho calor en Angra dos Reis, una ciudad cercana a su punto de inicio, así que quería evitar el sol lo que más pudiese.

Comió un par de frutas, se puso sus zapatillas, se vistió y se lanzó a correr 40 kilómetros, como lo hacía todas las mañanas. Mientras iba por la berma de una carretera desolada, escoltado por la casa rodante en donde iba Verónica Lama, su polola y kinesióloga, y por una patrulla de policías, el ultramaratonista de 45 años percibió, sorprendido, que por su costado estaba pasando un auto Chevrolet blanco con cuatro personas adentro. Era el único vehículo que se había cruzado en la última hora.

A los 15 minutos vio una luz roja parpadeante, escuchó una sirena y antes de que se pudiese voltear a mirar, un carro de bomberos lo adelantó velozmente. Saltó del susto, pero no le importó y siguió corriendo. Siempre lo hacía.

En menos de cinco minutos, los policías que iban cuidando de él, recibieron un mensaje desde la comisaría. Aceleraron el paso y le avisaron a Anguita que ambas pistas estaban cerradas más adelante por un accidente de tránsito ocurrido a menos de doscientos metros.

-¿Puedo pasar?, le preguntó al policía, después de tomar un sorbo de agua. Ustedes me alcanzan después, pero quiero seguir, debo seguir.

-Está bien, pero esto acaba de suceder. Está bajo su responsabilidad, le contestó en portugués.

400 Litros de agua consumió en el trayecto Anguita asintió con la cabeza y continuó trotando hasta el incidente. Pasó por la orilla de la calle, por donde había pasto y al poner su mirada sobre el accidente, disminuyó su velocidad y vio que había dos autos destrozados y sus piezas desparramadas en el cemento. Uno era de un color indistinguible por el fuego y tenía un cadáver calcinado en su interior. El otro era blanco. Era el Chevrolet blanco. Sus cuatro pasajeros estaban agonizando en el piso. Ellos habían salido eyectados, quedando repartidos en la oscuridad.

Anguita llevaba seis días de desafío, seis días en su zona de confort. Nada lo interrumpía. Nada de lo que veía le importaba. Siempre seguía. Sin embargo, esta imagen frenó en seco su incesante marcha. Lo quebrantó. Lo sacó de foco. Lo aterrizó.

Llevaba recién cerca del 10% de su travesía completada y se dio cuenta de que su zona de confort era un arma de doble filo. Era un peligro, pero debía seguir, debía demostrar que podía, debía terminar su misión.

Primera cajetilla, año 1997 : Matías Anguita trabajaba en una productora de Nestlé. A sus 25 años y 1.66 metros de altura, tenía un día a día completamente sedentario : pasaba más de ocho horas sentado, comía casi sólo chatarra, no practicaba ningún deporte y se fumaba tres cajetillas diarias de cigarros Malboro. Pesaba 96 kilos.

Kilómetro 550, día 10: Al cuarto día del grave accidente que vio en Angra dos Reis, Brasil, Anguita mantenía su marcha. Ahora seguía, pero con más cuidado. Al llegar a Caraguatatuba, un pueblo con cerca de 280 mil habitantes, la policía que lo escoltaba lo detuvo 60 kilómetros antes de llegar a Santos, el próximo destino.

– ¿Qué pasó?, le preguntó al funcionario, mientras descansaba apoyando sus manos sobre sus rodillas.

– Tendrás que saltarte este tramo y subirte a tú vehículo, le respondió el señor.

El corredor no entendía nada. No quería parar, pero escuchó las explicaciones. Le dijeron que los alrededores estaban tomados por el narcotráfico brasileño y paraguayo. Abrió los ojos con cara de temor y siguió oyendo.

-Las posibilidades de que seas secuestrado son muy altas. Para nosotros, que somos policías, pasar a 10 Km/Hr por ahí significa una muerte segura. Si tú quieres seguir, no te escoltaremos, le advirtió.

136 Kilos de fruta comió durante los dos meses Boquiabierto, Matías Anguita se sacó sus anteojos de sol y audífonos, abrió la puerta de su casa rodante y se sentó en el puesto del copiloto, junto a su pareja. No dijo ninguna palabra.

-¡No bajen de los 120 Km/Hr en todo el trayecto!, le gritó el carabinero a la conductora desde su automóvil.

Encendieron el motor y se fueron directo a Sao Paulo.

Segunda cajetilla, mismo día, 1997 : Anguita estaba exhausto. Estuvo todo el día sentado en el trabajo y llevaba más de veinte cigarros fumados. Como siempre. Al terminar su jornada laboral, su primera misión, antes de llegar a su casa, era instalarse en un bar con sus amigos. Ese día fue a un local en el centro de Santiago. Se pidió un sándwich italiano y una cerveza corriente. Después se fue de fiesta, pero no recuerda qué ocurrió desde las ocho de la tarde hasta las cuatro de la madrugada del día siguiente, pero sabe que ese día cambiaría su vida.

Kilómetro 1.900, día 38: Después de más de un mes de viaje, Brasil se había acabado. Llevaba más de la mitad de su camino, pero no estaba feliz. De hecho, estaba furioso.

-Me quería matar. Nunca lo había pasado tan mal. Quería regresar y no terminar el desafío, cuenta Anguita.

Cuando llegó a Entre Ríos, Argentina, pensó en desertar . La policía local había detenido a su escolta en 14 oportunidades, por ende, él debía dejar de correr. Pasaban cinco kilómetros y los controlaban. Les querían sacar multas cercanas a los 400 mil pesos por cosas que no debían. Exigían revisar la rueda de repuesto, extintor o cualquier cosa con el sólo fin de sacar dinero. Una rutina que se repetía y se prolongaba por largos minutos.

-Señor, le pasaré ocho infracciones, pero si me paga a mí, paga la mitad, le dijeron la última vez.

Después de 20 minutos discutiendo a gritos, tratando de hacerle entender que su vehículo, chileno, estaba de paso por su país, se cansó. Fue con el ceño fruncido, ojos penetrantes y un rostro del cual caían y caían gotas de transpiración, a encarar fuertemente al policía.

-¡Señor, lo voy a llevar a la comisaría! ¡Hoy dormirá en el calabozo! le contestó a gritos el policía.

-¡No permitiré que me amenacen! ¡Sólo tratan de robarme plata! Respondió Anguita con el mismo tono.

Cuando le bajaron las pulsaciones, se acordó que unas horas antes había descargado en su teléfono la ley del tránsito de Argentina. Verónica, su polola, la ojeó rápidamente y encontró lo que necesitaba: Los policías no tenían derecho a sacar ese tipo de infracciones a autos extranjeros.

Al mostrarle al uniformado lo que averiguó, éste, con voz temblorosa les dijo que se fueran rápido antes de que lo llevara esposado a la estación policial.

Terminó agotado mentalmente, pero había salvado una vez más. La ruta argentina, de extorsión, amenazas y robo disfrazado de leyes inventadas, no había logrado sacarle un sólo peso.

Decidió seguir. Quería lograr su misión: demostrar, a través de su ejemplo, lo saludable del veganismo.

Tercera cajetilla, mismo día, 1997: Se tambaleaba. No podía hablar de corrido y tenía hipo. Eran las cuatro de la mañana y venía llegando a su casa después de salir de la fiesta. Antes de entrar, quería un último cigarro. Metió su mano al bolsillo izquierdo, donde guardaba sus Malboro, pero no le quedaban. Había fumado 60 cigarros en menos de 24 horas.

No estaba muy lúcido ni recuerda bien por qué, pero se cuestionó el estilo de vida que llevaba. No era feliz. Apoyó su cabeza en la almohada y antes de dormir, se prometió no fumar nunca más.

Kilómetro 2.200, día 41 : Después de un par de días en Argentina, llegó a la ciudad de Córdoba. Seguía en su imparable ruta hacia Santiago. A cerca de 20 días para terminar su desafío, se encontraba corriendo bajo un abochornado cielo. Estaba nublado, pero se sentía en el infierno.

Luchando contra el calor, de repente siente algo en su pierna derecha. Una perra café con manchas blancas lo estaba acompañando. Le saltaba incesantemente encima. No quería hacerle daño. Parecía estar jugando. Al ver que no tenía collar, Anguita decidió subirla a su casa rondante para que no la atropellaran y pensaba dejarla a salvo en la siguiente parada.

Siguieron hasta el final del tramo diario y llegaron a una pequeña localidad de la que no recuerda su nombre. Para sorpresa de Verónica, que siempre había querido con Matías adoptar una mascota, el animal no hizo ningún problema en todo el recorrido. Es más, parecía inteligente.

50 Kilómetros diarios corría Matías Anguita en su ruta rumbo a Santiago Decidieron probar por unos días y se la quedaron. Unos cinco días y cientos de kilómetros más adelante, “Pampa”, como habían llamado a la perra, ya era integrante activa del viaje y la familia. De hecho, se consiguieron un veterinario que la desparasitó, le puso una vacuna antirrábica y les dio un permiso para sacarla del país y entrarla a Chile.

Kilómetro cero, 1997: Al despertarse el día sábado, con un sabor repugnante en la boca y algo de dolor de cabeza por la resaca, Matías Anguita inició el camino más largo y difícil de su vida: el de dejar de fumar a través del trote. Este trayecto duró sufridos 10 años, en el que pasó de ser un fumador compulsivo y casi obeso trabajador, a transformarse, en 2008, en un entrenador profesional de running.

Desde ese último cigarro olvidado en algún bar del centro de Santiago, que la vida de Anguita cambió.

Kilómetro 3.130, día 63: Después de 385 horas corriendo, haber tomado 400 litros de agua y comido 136 kilos de fruta, el domingo 8 de octubre, a las 10:15 de la mañana, Matías Anguita llegó al cerro San Cristóbal, la meta de su desafío. Pudo atravesar tres países en casi dos meses comiendo sólo cosas orgánicas, nada procesado.

Confesó que a través de este método se sintió con mucha más energía, ánimo y que su recuperación muscular se aceleró bastante.

Hoy, veinte años después de decidir dejar el cigarro, con 45 años, tiene 36 kilos menos, ha conocido todo Chile corriendo, su grupo de entrenamiento cuenta con 70 alumnos, vive de lo que más le gusta hacer y, junto a su polola, dos hijo y “Pampa”, por fin es feliz.

Con una polera que dice “Go vegan”, preparando su próximo desafío, el cual consistirá en correr por el borde de los siete ríos más largos del país, el ultramaratonista señala:

– Cambié un vicio por otro, pero de este no me quiero alejar nunca. El impactante camino del chileno que corrió desde Río hasta Santiago para mostrar los beneficios del veganismo

Con Información de Emol

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