Deseo el regreso de la Venezuela de los sesenta y setenta - EntornoInteligente

Globedia Venezuela / Deseo el regreso de esa Patria que conocí y que ustedes los jóvenes deben conocer. Iré describiendo características y sucesos sin ningún orden establecido, tal y como me van llegando, y escribo estas lineas porque en verdad estoy hasteado de tanta política y guerra, y no se visualiza una salida de este hueco oscuro en que hemos convertdo a la patria de Bolívar, que si  El Libertador regresara, aquellos monstruos como: Boves, Antoñanzas, Zuazola y Rosete, parecerían ángeles ante la matanza de coños de madre traidores a la patria, chavistas y opositores y extranjeros que quieren jodernos.

En los años sesenta, los jóvenes éramos aguerridos, en una gran mayoría rechazamos la rudeza policial política de la época, jodimos como todo joven, pero, había una diferencia notable con el día de hoy, éramos muy respetuosos con los adultos mayores, recuerdo cuando un adulto mayor nos llamaba la atención por algo que a su criterio estaba mal o, no “cuadraba” con el sistema, nosotros con sumo respeto le escuchábamos.

 En la calle donde viví y ahora vivo después que regresé en veintidós años, jugamos pelota de calle, “chapas”, juego éste derivado del beisbol, pero con las tapas de los refrescos o “chapas”. Generalmente jugaban dos equipos de tres jugadores cada uno, marcábamos en el suelo un “Score” o tabla de anotación, el juego siempre fue de tres ining, para dar chance a los otros equipos. Nuestros juegos fueron en su generalidad canalizados por reglas que todo jugador respetaba. También jugamos el famoso juego llamado “fusilao o fusilado”, donde cada quien empleaba al máximo sus capacidades para no ir al “Paredón” y ser “fusilado” con la pelota de goma que lanzada a gran velocidad causaba algunas molestias. El “fusilao” fue un juego considerado por los adultos de la época como hostil, pero, nos capacitaba física, mental y moralmente. Lo mismo el juego de Metra, llamada “Picha” en el oriente venezolano, el Trompo, Policía y ladrón, Las muñecas, El Yaqui, Palito mantequillero, y tantos otros que no recuerdo ahorita, pero, todos estos juegos tenían cosas en común, ¿cuáles eran?, tenían reglas, límites, formaban y enseñaban, es decir, aprendimos moral y cívica mediante los juegos. 

 En aquellos tiempos, la gente hacía las fiestas en su casa, pero, dentro de la casa, no afuera como ahora, donde la fiesta la extienden a toda una calle y usted si no está de acuerdo o le molesta la música, lamentablemente tiene que “calarsela” en vista de que no hay autoridad policial que se acerque a restituir el derecho a los ciudadanos.

 Nosotros los jóvenes que no éramos invitados a las fiestas que hacía alguna familia del sector, en alguna oportunidad, nos colocábamos frente a la ventana a observar la fiesta. Ocurrió muchas veces que el dueño de la fiesta nos “pasaba un trago” a los mirones, lo cual lo agradecíamos, “ligando” que nos pasara otros tragos. No obstante, con tragos pasados o no, jamás o casi nunca había una agresión desde afuera hacia adentro. Veíamos la fiesta en completa calma, respeto y orden, ni alterábamos la calle, e incluso nunca subíamos el volumen de nuestra voz, gritando vulgaridades e improperios, y alterando el orden público, y si alguien lo hacía era rechazado de inmediato.

 Esos tiempos marcaron una patria feliz, no tuvimos, ni fuimos atrapados por la tecnología, ni esta manejó nuestros asuntos. La televisión ejerció presión sobre nosotros, trató de indicarnos qué comprar, cómo vestirte, quién deberías ser para considerarte exitoso, es cierto, también sentimos esa presión, pero, pero, pero, a diferencia de hoy día, nosotros nunca permitimos que la televisión nos dividiera, se metiera en nuestras casas a conducir nuestras vidas, la televisión estaba en la sala, y esta, era vista por todos, en esa hora. Era como estar en el cine, pero, no pasaba de allí.

Usted en la noche podía sentarse en la puerta de su casa

 Ustedes queridos jóvenes han crecido, sin conocer casi el mundo natural, están sumidos en un submundo artificial, “el ojo pegao al teléfono inteligente”, viendo “mariqueras”(perdónenme pero es así) y queriendo estar en todos lados del mundo y ni siquiera pueden estar en su mundo real. Es normal hoy día que los jóvenes ocupen completamente una acera peatonal, uno va caminando hacia ellos, y hágalo por prueba, “no se dan cuenta que deben cederle el paso”, y cuando usted les pide permiso, reaccionan de manera extraña generalmente, se apartan y siguen en una conversación extraña. ¿por qué sucede esto?, es fácil explicarlo, el estar siempre sumidos en el teléfono, hace que el entorno de ellos prácticamente desparezca, por eso muchas veces no ven venir al ladrón quien con suma facilidad les roba el teléfono. En mi tiempo, nosotros los muchachos de la época(cuando digo muchacho me refiero a varones y hembras), sabíamos perfectamente qué teníamos en nuestros cuatro puntos cardinales.

Nosotros dormimos casi siempre muy bien, en pocas oportunidades cuando algún energúmeno violaba la paz de esos entonces, usted llamaba a la policía y esta, aún y cuando no tenía un tiempo de respuesta óptimo, llegaba y usted podía hablar con ellos y señalar al infractor. Más aún, había patrullaje en las comunidades y muchas veces, sin que alguien les hubiese llamado, la policía detectaba las infracciones contrarias al buen vivir y señaladas en las ordenanzas municipales. ¿cómo es eso que usted tiene que ir a fiscalía y denunciar a algún infractor y entonces esperar el papeleo y la burocracia” No señores, la policía era efectiva, porque resolvía el problema en el sitio, y no generaba burocracias, ni esfuerzos adicionales de los vecinos, generaba los escarmientos necesarios para crear la cultura del respeto, y realizaba el patrullaje.

 Los precios de todos los artículos por mucho tiempo no cambiaban, ni generaba la angustia de las madres, usted iba al abasto y ahí había de todo, esto que estamos viviendo hoy día en Venezuela, no ocurría veinte años atrás, ni diez años atrás. Independientemente de las razones políticas y económicas, nosotros los jóvenes de los sesenta y setenta, vivimos en una patria, DONDE SE PODÍA VIVIR. Esta no es la Venezuela en la cual yo viví, y lo lamento por la juventud de hoy día que no tiene patrón de comparación, porque no vivieron la época a la que me refiero. Deben saber  que Venezuela no era así.

 Usted en la noche podía sentarse en la puerta de su casa(de hecho, esto es lo que generalmente ocurría en esos entonces), y conversar con sus vecinos quienes también sacaban sus sillas y nosotros los muchachos jugábamos en la calle observados por los ojos de nuestros padres. Los conductores de los vehículos, cuando llegaban a la calle, todos sin excepción, reducían la velocidad a niveles seguros, unos “cornetazos” para alertar, pasaban y luego seguíamos los juegos. El sentido común andaba libre por la ciudad, los ciudadanos se conducían “envueltos en la bruma” del buen ciudadano, con ese sentido común que ahora es el menos común de los sentidos.

 Cuando algún vecino le pedía una taza de arroz y le prometía devolvérsela en dos días, júrelo, que en los dos días le devolvía su taza de arroz. “Préstame cuatro fuertes y te los pago mañana”(moneda de plata de 5 bolívares popularmente llamada así), te decía un vecino o amigo, y con una alta probabilidad te los devolvía en el plazo indicado, ¡ah!, y si acaso se le imposibilitaba pagarlos, entonces iba donde ti y te explicaba el problema. La gente tenía palabra, la gente era respetuosa, solidaria, atenta a los problemas de los demás, respetuosos de las ordenanzas municipales de convivencia ciudadana. Los problemas entre vecinos, generalmente se resolvían en la comunidad, los adultos mayores eran respetados por los jóvenes.

 Los padres cuando les preguntaban “que quiere usted en el futuro para su hijo”, las respuestas seguro estaban en “yo quiero que sea una persona de bien y que estudie”, los padres estimulaban el estudio para sus hijos, quizás no eran muy cariñosos porque antes las épocas eran duras y difíciles, a nosotros nos enseñaron a ganarnos las cosas, no nos regalaron nada, tuvimos que conquistarlas y eso nos hizo a mi generación y a las pasadas, personas acostumbradas a ganarnos las cosas, todo aquello que se obtiene con esfuerzo es apreciado, lo que se consigue fácil no es apreciado porque no saben el esfuerzo que hicieron para obtener el recurso o bien.

En aquellos tiempos, la gente hacía las fiestas en su casa, pero, dentro de la casa

 Faltan muchas cosas más, pero, hasta aquí llego, agregue usted otras cosas.  

Deseo el regreso de la Venezuela de los sesenta y setenta

Con Información de Globedia Venezuela

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