Del amor y otros demonios - EntornoInteligente

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Riquelme de acá, Riquelme de allá. Riquelme en las camisetas de los hinchas, que también lo llevan en la piel, y Riquelme en la radio, en la tele y en los diarios. Riquelme a toda hora, en todas partes, en todas las pantallas. Riquelme en las banderas de Boca, pero también Riquelme en las banderas de Tigre, porque “Tigre es tu barrio”. Riquelme, Riquelme y más Riquelme. Román, que promete una extensa novela sobre su renovación en junio, metió un bombazo y fue el boom de la noche en Victoria, donde le regaló el 1-0 a Boca sobre Tigre cuando parecía que nadie iba a poder romper el empate. Pero él recibió, apuntó y clavó la pelota en el ángulo, justo ante su querido Matador -algunos lo silbaron- y frente a Javier García, uno de sus amigos.

Como suele pasar con los ídolos, su desempeño fue un fiel reflejo del nivel de su equipo. Los íconos se mimetizan con los colores y funcionan como un termómetro de lo que sucede y de lo que sucederá. Arrancó parado unos metros más atrás que de costumbre, más cerca de Federico Bravo que de Claudio Riaño, el sorpresivo nueve titular en el Norte del Gran Buenos Aires. Los minutos en los que disfrutó de libertad fueron pocos, los necesarios para asociarse con Luciano Acosta y habilitar al juvenil para que estrellara un remate en el palo. Después perdió el duelo personal con Peñalba y quedó enredado entre tantas travesuras de Matías Pérez García y Lucas Wilchez. Lo dicho: los ídolos se confunden con la piel del club. Entonces, a los 27 minutos, le pegó un feo pisotón a Pérez García, como un cinco rústico. Eso despertó los primeros insultos de la hinchada de Tigre, el equipo con el que simpatiza y que se esperanza con su incorporación en el próximo mercado de pases. En esa primera etapa, el conjunto local tuvo una oportunidad muy clara, cuando el ex mediocampista de All Boys le ganó la posición a Emanuel Insúa en el área y habilitó a Ariel Nahuelpán, que falló por la rápida reacción de Agustín Orion.

La segunda mitad fue mucho más luchada y mucho más deslucida para ambos equipos. Y también para Riquelme. Por eso, algunos dirigentes de Boca, demasiado impacientes, ya imaginaban que su cuerpo se paseaba por ahí, pero su mente estaba en Don Torcuato, con su familia, los mates y los amigos. En cambio, Román metió un derechazo lejano, superó a su compinche rival y, sin festejar ante los colores del barrio, dio el aviso: no lo den por retirado, ni aun vencido.

Con Información de La Razon

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