COLOMBIA: Sombras nada más - EntornoInteligente

El Universal / Con el título del tango de José M. Contursi y musicalizado por Francisco Lomuto, nos adentramos, no en lo triste o melancólico, sino en lo nostálgico por esa imagen oscura y generosa de un árbol al interceptar los rayos solares. La definición de avenida, y con la que nos identificamos más, por estar en el imaginario colectivo, es la de una vía ancha, asfaltada o pavimentada, con árboles a lado y lado, o en su parte central.

En la ciudad llaman avenida a todo. La Pedro Romero, la verdad, no sé en qué se equivocó el “cubano glorioso”, como lo llama Lucho Pérez en su canción El getcemanicense, para despojarlo de su cielo, y bautizar con su nombre esa travesía, porque desde del barrio de La Esperanza, hasta el punto conocido como “Foco rojo”, es una sola sinfonía de grietas, de concreto fracturado, estrecha, a doble vía, el torbellino de motos eludiendo todo y la inclemencia solar.

Sobre la ruta del Consulado, parece que en ella vivió un cónsul malvado y conflictivo. Son muchas las dificultades que hay que sortear; allí, sálvese quien pueda con las 6 intercepciones, o apiñamientos de automotores, desde La Piedra de Bolívar hasta muy cerca del barrio Tacarigua, el estrés aflora por el calentamiento global y vehicular.

La “Venao” Flórez, sólo beisbolistas y aficionados añejos la identifican y el astro sol juega de local. De la Crisanto Luque ni hablemos, trágica y sin zonas peatonales. Capítulo especial para la Avenida del Lago, que debiera ser la más atractiva por el entorno verde, y es, precisamente, su zona gris y grotesca: albergue de indigentes, facinerosos y drogadictos, con las chocantes necesidades fisiológicas al aire libre, que, sumadas a los deshechos de Bazurto y de los improvisados muelles, arrojan olores nauseabundos.

La Daniel Lemaitre, Luis C. López, San Martín y Venezuela, se rajan en sombras. Para Ripley: la Pedro de Heredia, es un solo roletazo de cemento, pero mancomunada con las estaciones de Transcaribe, arrasaron con los arbustos en algunos sectores, como Boston. Parece mentira, la mayor arteria de la ciudad, sin árboles, mientras, la avenida Mompox, la menor, con casi 190 m de largo, le gana en pulmones.

A comienzos de los 60, cerca a nuestro colegio, entre la muralla y el mar, había un remedo de vía que le decíamos avenida Santander, con una capita de asfalto, pero tenía palmeras y cocos; luego se transformó en lo que es hoy, al fin adulta, luce una calvicie variopinta, de asfalto y cemento.

Sombras nada más, también la entonaba Javier Solís: Pude ser feliz / Y estoy en vida muriendo / Y entre lágrimas viviendo / Los pasajes más horrendos/ De este drama sin final.

Se nos llena la boca: Avenida…

COLOMBIA: Sombras nada más

Con Información de El Universal

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