COLOMBIA: Luis Ángel Arango: inspirador de una joven biblioteca de 60 años - EntornoInteligente

El Tiempo de Colombia / Tal vez, uno de los nombres más mencionados desde mediados del siglo pasado es, sin duda, el de Luis Ángel Arango. Y no es gratuito. Finalmente, la biblioteca que lleva su nombre, que está celebrando 60 años, es ya un referente cultural y literario para los bogotanos y para muchos de los que han llegado de otras regiones del país a estudiar en la capital.

En conversación con EL TIEMPO, Alberto Abello Vives, director de la entidad, se preguntaba cuántos colombianos no han hecho allí sus tareas, han aprovechado para leer un libro, para investigar o para asistir a conciertos y conferencias.

Alberto Abello Vives, director de la BLAA, en la Sala de Libros Raros y Manuscritos. Allí hay más de 46.000 obras y objetos.

Foto: Claudia Rubio/EL TIEMPO

Sin contar los que “se han inspirado para hacer sus creaciones literarias y han generado conocimiento. Ha estado durante los sesenta años de restauración de la democracia colombiana, transformándose de ser una biblioteca en el centro de la capital de la República en la líder de una red nacional de bibliotecas y centros de documentación en 29 ciudades. La Biblioteca Luis Ángel Arango (BLAA) es un espacio cultural sumamente querido por los colombianos; los mensajes de afecto que se reciben cada día lo muestran”, anota su director.

Pero ¿quién fue Luis Ángel Arango? ¿Por qué ese edificio icónico lleva su nombre y rompe con su modernidad la estética arquitectónica del centro histórico de La Candelaria?

Precisamente, bajo la batuta rectora de Luis Ángel Arango, un visionario banquero que vivió durante la primera mitad del siglo pasado, fue cuando el Banco de la República -que él dirigió entre 1947 y 1957- puso los cimientos de lo que es hoy su gran proyecto cultural.

Todo comenzó con la idea de Arango (1903-1957) de crear una biblioteca general para uso público y escolar en la ciudad, ante la ausencia de bibliotecas públicas en Bogotá. Se tomaron como referentes algunas internacionales y la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, creada en 1952, gracias a un convenio entre la Unesco y el Gobierno de Colombia.

La firma encargada del diseño y construcción de la biblioteca fue Esguerra, Sáenz, Urdaneta y Suárez Ltda., que cumplió con las múltiples exigencias técnicas del edificio.

Foto: Claudia Rubio/EL TIEMPO

El lugar escogido fue un terreno que habían dejado las casonas y edificaciones desaparecidas durante el incendio del 9 de abril de 1948, que formaban parte de la manzana de la calle 11 con carrera 4.ª.

Abello anota que uno de estos inmuebles, adquiridos por el Banco de la República en 1954, fue un viejo edificio donde las Hermanas de la Presentación organizaron en 1940, con la Universidad Javeriana, una sección femenina de la facultad de Filosofía y Letras.

La firma encargada del diseño y la construcción de la biblioteca fue Esguerra, Sáenz, Urdaneta y Suárez Ltda., que cumplió con las múltiples exigencias técnicas del edificio.

“Este fue el segundo edificio moderno levantado en Bogotá con diseño exclusivo para biblioteca, después del de la Biblioteca Nacional, el cual había sido puesto al servicio veinte años atrás. El diseño impuso formas vanguardistas propias de la arquitectura racionalista, en boga por aquellos años en Colombia, y diseñado técnicamente para las funciones culturales que se adelantarían en el lugar”, explica Abello.

La sala de exposiciones y la colección de arte en la Casa Republicana, otro de los servicios interiores de la BLAA.

Foto: Claudia Rubio/EL TIEMPO

Como dato histórico memorable, el funcionario cuenta que la muerte de Arango, en enero de 1957, tuvo un hecho singular: “El mismo día lunes que se celebraron sus exequias, la junta directiva del banco Emisor realizó una reunión extraordinaria y decidió darle su nombre a la nueva biblioteca, que ya se había empezado a construir y se inauguraría en febrero de 1958”.

De los 5.470 metros cuadrados con los que comenzó, la BLAA ha crecido en superficie hasta llegar a 45.000 metros cuadrados, luego de iniciarse la ampliación más ambiciosa de sus instalaciones en 1990.

Lo que, además, le permitió hacer crecer su valiosa colección de 70.000 ejemplares a los más de 1,5 millones que alberga hoy en su edificio de Bogotá. Sin embargo, sumadas las publicaciones de toda la red en el país, la cifra supera los 3 millones.

“Durante el año 2017, el total de ejemplares prestados y consultados en la BLAA fue de 690.690. Anualmente se compran, en promedio, 70.000 volúmenes”, comenta Abello.

Entre sus curiosidades, la BLAA cuenta con incunables europeos, primeras ediciones de cuando se estableció la imprenta en el país, memorias de viajeros y libretas de dibujo de grandes artistas.

Foto: Claudia Rubio/EL TIEMPO

La BLAA atiende, en promedio, cerca de 5.000 personas al día, cifra que alcanza las 10.000, englobadas todas las sedes de la red en el país. Sumados los promedios, en lo corrido del año, se atienden cerca de 5 millones de personas. De hecho, el año pasado, los visitantes presenciales a toda la red fueron 4’867.000.

“La Red de Bibliotecas ofrece en todo el país servicios con vocación pública, patrimonial y de investigación; con espacios y programas accesibles e incluyentes. Para la prestación de los servicios cuenta con colecciones físicas y también digitales. El acceso y préstamo se puede realizar desde cualquiera de las ciudades que la conforman”, explica Abello Vives.

Baúl de tesoros Y si las cifras de este patrimonio de los colombianos son relevantes, no menos dejan de serlo los tesoros bibliográficos que la BLAA guarda. Esto sin hablar de la importante colección de arte del Banco de la República, que forma parte de la denominada ‘manzana cultural’.

La biblioteca tiene la más importante hemeroteca del país con una importantes colección de periódicos y revistas, que incluye el primer periódico que circuló en 1785: ‘Aviso del terremoto’.

Foto: Claudia Rubio/EL TIEMPO

“Las colecciones de la Red de Bibliotecas albergan archivos personales y los ejemplares de las bibliotecas de destacados colombianos, lo que permite ofrecer al público fondos de gran importancia histórica y patrimonial”, anota Abello.

Muchas de esas joyas bibliográficas se encuentran en la famosa Sala de libros raros y manuscritos. Allí hay más de 46.000 obras y objetos.

Algunos de ellos son incunables europeos, primeras ediciones de cuando se estableció la imprenta en el país, la colección especializada en las memorias de viajeros, las libretas de dibujo de grandes artistas o colecciones fotográficas con la memoria nacional. Con ellos, mapas manuscritos e impresos y atlas anteriores a 1905.

Además, una colección de documentos desde el siglo XVIII hasta nuestros días, los manuscritos de figuras como Alexander von Humboldt, Antonio de la Torre y Miranda, sor Josefa del Castillo, Gabriel García Márquez, Andrés Caicedo, entre muchos otros.

De los 5.470 metros cuadrados con los que comenzó, en 1958, la BLAA ha crecido en superficie hasta llegar a 45.000 metros cuadrados en 1990.

Foto: Claudia Rubio/EL TIEMPO

En cuanto a archivos personales, se destacan los de cinco expresidentes colombianos: Tomás Cipriano de Mosquera, Aquileo Parra, Eduardo Santos, Alberto Lleras Camargo y Carlos Lleras Restrepo. Con ellos, los de investigadores como Nina de Friedemann, Gerardo Reichel-Dolmatoff, Pilar Moreno de Ángel, Orlando Fals Borda y Esmeralda Arboleda.

Así mismo, la BLAA ha comprado o ha recibido la donación de las bibliotecas personales de intelectuales destacados de la vida nacional. Es el caso de Enrique Uribe White, Carlos Lozano y Lozano, Alfonso Palacio Rudas, Jorge Soto del Corral, José Ignacio Perdomo, Nicolás Gómez Dávila y Santiago Díaz Piedrahíta, por mencionar algunos.

La BLAA atiende en promedio cerca de 5.000 personas al día; cifra que alcanza las diez mil, sumadas todas las sedes de la red en el país. El año pasado los visitantes fueron 4.867.000.

Foto: Claudia Rubio/EL TIEMPO

En la biblioteca también se encuentra una importante colección de periódicos y revistas colombianos, que dan cuenta de nuestra memoria periodística, e incluye el primer periódico que circuló en 1785: Aviso del Terremoto.

“La Luis Ángel también tiene en su seno la más importante hemeroteca de Colombia y alberga importantes colecciones documentales. Es una biblioteca, como la Biblioteca Nacional, que está adscrita al Ministerio de Cultura, pública y gratuita. Y, a tono con los tiempos actuales, cuenta con una biblioteca virtual, inaugurada ya hace veinte años”, explica Abello.

Y junto con los espacios antes mencionados, la sala de exposiciones y la colección de arte en la Casa Republicana y el Museo de instrumentos musicales, capítulo especial merece la Sala de Conciertos, otra joya arquitectónica y sonora.

“La Sala de Conciertos se inauguró en 1966. Desde entonces, y hasta diciembre de 2017, han actuado 2.963 artistas, que han interpretado 15.976 obras de 3.935 compositores en 3.524 conciertos. La sala tiene una capacidad de 367 sillas y recibe un promedio anual de 15.000 asistentes. Es realmente una de nuestras joyas” , anota con orgullo Abello.

Son múltiples los servicios que ofrece el edificio para todo tipo de públicos, tanto de jóvenes como adultos mayores como gente con alguna discapacidad.

Foto: Claudia Rubio/EL TIEMPO

Hay que recordar que la BLAA es parte de esa gran propuesta cultural del Banco de la República, con las edificaciones ubicadas al frente de la biblioteca y que comprenden el Museo Botero, el Museo Miguel Urrutia Montoya (Mamu) y el Museo Casa de Moneda.

“Se trabaja bajo el concepto de integración de las colecciones bibliográficas y documentales, con las actividades musicales, las colecciones de arte y especiales, así como la gran colección arqueológica y patrimonial del Museo del Oro”, explica el director de la BLAA.

De cara al futuro Si bien la preocupación por la conservación de la memoria del país en diferentes frentes es uno de los objetivos, la mirada puesta en el futuro, en los servicios digitales y en la reinvención de la idea de biblioteca es otra de las misiones.

“Los desafíos son numerosos. Los rápidos avances de las tecnologías de la información cambiaron la forma como las bibliotecas recogen y brindan acceso a la información al público; esto implica el desarrollo de servicios que respondan a las nuevas necesidades y a varias generaciones de usuarios”, dice Abello.

En este punto, la sistematización de los registros bibliográficos de la colección permitió ponerla al servicio mediante el catálogo en línea, cuando se amplió el edificio y se abrió al público, en 1990.

Para los niños y jóvenes hay una amplia programación, oferta de libros y actividades.

Foto: Claudia Rubio/EL TIEMPO

Asimismo, en 1993 se puso al servicio la primera suscripción a bases de datos de publicaciones seriadas en formato electrónico. A partir del 2005 se suscribió el acceso a bases de datos en línea, para consulta en las instalaciones de la red y de forma remota para los socios.

Desde el 2012 se inició la suscripción de libros electrónicos. A ellos se unen otros servicios de recursos digitales en línea en formatos de audio, video, así como a una plataforma de autoaprendizaje de idiomas.

“No obstante lo anterior, el papel fundamental de la BLAA en el entorno digital ha sido la labor pionera con la conformación, en 1997, de su Biblioteca Virtual, la primera en América Latina”, comenta Abello.

Sobre los pobres indicadores de lectura en el país, no obstante los gigantescos esfuerzos que vienen haciendo todas las redes de bibliotecas públicas del país y las políticas gubernamentales, Abello invita a releer la situación.

La mirada puesta en el futuro, en los servicios digitales y en la reinvención de la idea de biblioteca es otra de las misiones.

Foto: Claudia Rubio/EL TIEMPO

“Pienso que en la construcción de los indicadores de lectura en Colombia se debe ampliar el foco y hacer una mirada multidimensional para incorporar acertadamente este esfuerzo bibliotecario nacional y el esfuerzo de maravillosos programas de fomento de la lectura. Lo que ocurre en Colombia no es lo deseado; por supuesto, quisiéramos un país con mayor capacidad lectora, pero sin el esfuerzo de las bibliotecas, el panorama podría ser peor”, concluye.

Un banquero con sensibilidad cultural Luis Ángel Arango estudió derecho y ciencias políticas en la Universidad Nacional, donde se graduó en 1924. Ocupó importantes cargos, como la dirección de la Superintendencia Bancaria, la gerencia del Banco Central Hipotecario (1939) y del Banco de Bogotá (1947). Además de destacarse en este sector, fue gran promotor cultural del país. Ayudó a gestar la Catedral de Sal de Zipaquirá y el Museo del Oro. Se le debe también la construcción de la imprenta de billetes, la restauración de la Casa de Moneda y la reconstrucción de la Recoleta de San Diego, entre otras obras..

CARLOS RESTREPO

EL TIEMPO

En Twitter: @restrebooks

Comentar Guardar Ingrese o regístrese acá para guardar los artículos en su zona de usuario y leerlos cuando quiera Este artículo ya fue guardado Para consultarlo en otro momento, visite su zona de usuario. Artículo guardado Para consultarlo en otro momento, visite su zona de usuario. El artículo no pudo ser guardado, intente nuevamente REPORTAR COLOMBIA: Luis Ángel Arango: inspirador de una joven biblioteca de 60 años

Con Información de El Tiempo de Colombia

www.entornointeligente.com

Síguenos en Twitter @entornoi