COLOMBIA: Dos caras del accidente en la avenida Suba con calle 100 - EntornoInteligente

El Tiempo / A la conductora que protagonizó el accidente le detectaron alcohol. Una de las víctimas sigue grave. El primer policía que llegó al lugar vio a una mujer que pedía auxilio. “¡Llamen una ambulancia! ¡Llamen una ambulancia!”, gritaba. Al frente de ella yacían seis personas heridas: tres niños y tres adultos.

Más de 15 horas después de esa escena, la misma mujer que pedía auxilio, la sicóloga Aura Andrea Fernanda Molano Rojas, relataría a las autoridades lo que había ocurrido, según su versión: “Me estrellé contra un hidrante y habían personas que esperaban bus”.

En ese momento, a 30 cuadras del sitio donde ella dio su declaración, el abogado Andrés Felipe Mosquera Trujillo salía del quirófano tras enfrentar una larga cirugía en el cerebro. Se trata de una de las seis personas heridas en el episodio. “El pronóstico es negativo y nefasto”, dijo el representante de él, cuando le reportaron su condición de salud.

La sicóloga Molano y el abogado Mosquera son dos de los rostros del drama que comenzó el jueves 12 de diciembre en una calle del norte de Bogotá.

Ella conducía ebria un vehículo en el que también viajaba su hija, quien muy pronto cumple 15 años; él salió a acompañar a su hijo, de 9 años, a la ruta escolar.

Es hora ya de acostarse…

De 1,51 metros de estatura, ojos verdes y cabello rubio con tintura, Andrea Molano tiene 34 años. Según los datos obtenidos por las autoridades, además de sicóloga estudió una maestría en dirección y gestión de empresas y ha trabajado en el sector privado en el área de consultoría estratégica en gerencia y recursos humanos. Es decir, en temas de manejo de personal.

Vive en Villas de Granada, popular barrio del occidente de Bogotá. Ella contó a las autoridades que en los últimos días había estado atareada en preparar la fiesta de 15 años de su hija.

Todo indica que la noche anterior a los hechos, la sicóloga se tomó unos tragos y al filo de la medianoche se fue a dormir. Madrugó el jueves 12 de diciembre y, junto con su hija y una amiga de ellas, una muchacha de 18 años, se fueron a realizar una diligencia al norte de Bogotá.

Las tres abordaron un automóvil marca Ford Fiesta, de placas NER 410, modelo 2013, de color gris violeta. La tarjeta de propiedad del vehículo está a nombre de un tercero y tiene una prenda a favor de un banco.

Conociendo la capital

Andrés Felipe Mosquera, oriundo de Manizales, tiene 39 años, es casado y padre de dos niños: uno de 9 años y una niña de 3. Además de abogado, se especializó en derecho administrativo y gerencia de talento humano. Paradójicamente, como la sicóloga, también maneja personal.

Hace ocho meses, los méritos de su hoja de vida lo sacaron de su ciudad natal y lo llevaron a la capital, donde fue contratado como Gerente de Recursos Humanos de la Empresa de Energía de Bogotá. “Hasta ahora está empezando a conocer la ciudad”, contó uno de sus allegados.

Pasadas las 5:00 de la mañana, Andrés Felipe se estaba alistando para acompañar a su hijo. El menor estaba entusiasmado. No era para menos, el jueves 12 de diciembre era su último día de clase y salía a vacaciones. A esa hora, por la calle 80, en dirección occidente – oriente, se desplazaba raudo un Ford Fiesta de color gris violeta.

Con el pasar de los minutos, se le acababa el tiempo al automóvil que conducía la sicóloga Molano y se acercaba al límite de la hora de la restricción del Pico y Placa. Cuando tomó la avenida 68, que en el norte también se conoce como la calle 100, los Mosquera, padre e hijo, estaban a punto de salir de casa.

Sin tiempo de nada

A las 5:45 de la mañana, Andrés Felipe y su hijo se pararon en la esquina donde siempre esperan la ruta del colegio. Al lado de ellos, como todos los días, había un grupo de personas, entre los que se contaban varios niños que también iban para el colegio.

Con el clarear del día y el pasar de los minutos, la ruta se demoró más de la cuenta. El reloj estaba a punto de marcar las 5:50 de la mañana, cuando el Ford Fiesta cruzó el semáforo de la calle 100 con Avenida Suba. A una cuadra de allí, después del centro comercial, estaba el grupo de los Mosquera.

El automotor llegó con tal velocidad, que nadie en el andén pudo esquivarlo. Un niño, de 11 años, perdió la pierna derecha de forma instantánea. El padre de él, don Carlos Bonilla, de 45 años, cayó de cabeza y la providencia lo salvó. Se recupera en una clínica.

Hubo más heridos: don José Chávez, de 69 años, y un niño, de 8.

El hijo de Andrés Felipe quedó como un nazareno. Sufrió golpes y raspones en todo el rostro. En medio del llanto trataba de reanimar a su padre.

A los gritos de los heridos se unió los de la sicóloga Molano. “Ya vienen las ambulancias”, le dijo el policía que llegó al lugar segundos después de que se desencadenara la tragedia. Además de verla nerviosa, el uniformado no notó nada raro en ella.

El más crítico, en el momento de arribar los paramédicos, era Andrés Felipe. En cuestión de minutos lo llevaron a la clínica Shaio. El golpe en la cabeza le causó una herida que hoy lo tiene luchando por su vida.

La tramitomanía

Como lo ordena la norma, a la persona que iba conduciendo el vehículo del accidente la trasladaron al Instituto de Medicina Legal.

Una médico forense atendió el caso. De inmediato, notó aliento alcohólico en la sicóloga Andrea Molano. Los demás exámenes de laboratorio confirmaron el primer diagnóstico: grado uno de alcoholemia. ¿Efecto del guayabo?

Mientras que las familias de las víctimas enfrentaban su drama, el caso comenzó a rodar en la Fiscalía de despacho en despacho. Pasó por las manos de tres fiscales, antes de llegar a la audiencia ante un juez de control de garantías según lo establece la ley.

Pasaron 34 horas, antes de que se instalara la audiencia en la Uri de La Granja, occidente de Bogotá. Es decir, que la actuación de las autoridades llegó al filo de lo permitido, que son 36 horas antes de que se venzan los términos y la persona quede libre.

“En medio la audiencia la vi reír, pero era una risa nerviosa”, dijo una fuente que estuvo en la diligencia y presenció cuando la sicóloga Molano respondía ante la justicia.

Al final, el informe de lo sucedido: croquis del accidente, el historial del vehículo, el reporte de infracciones y el informe del tránsito, no llegó a manos de la fiscal del caso.

Sin mayores elementos probatorios, la fiscal habló de una irresponsabilidad en un corto llamado de atención y pidió la libertad de la sicóloga, que estuvo asistida por tres abogados.

Cuando Andrea Molano iba rumbo a su casa en Villas de Granada, a unas cuadras de la Uri donde la dejaron libre, al abogado Mosquera lo mantenían en coma inducido tras una segunda cirugía para tratar de salvarle la vida. La condición de él sigue siendo muy crítica, según el reporte de los médicos a sus familiares.

JOHN ALBERTH CERÓN [email protected] Redactor Diario MÍO

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