COLOMBIA: Corralejas, cada vez más anacrónicas - EntornoInteligente

COLOMBIA: Corralejas, cada vez más anacrónicas / El Universal / A medida que se achican las fincas y se tecnifican las explotaciones, se domestican los ganados y las corralejas serán cada vez más anacrónicas.

Las controvertidas fiestas en corraleja siguen teniendo gran arraigo popular en la costa Caribe, aunque cada vez se alejan más de sus orígenes. Nacieron para celebrar la habilidad de los vaqueros al manejar ganados acimarronados, levantados en grandes extensiones de tierra cuando la mayoría de estos eran “criollos” descendientes de las razas traídas de España, principalmente las Gallega Barrosa y la Negra Andaluza. Con frecuencia había que meter estos animales semisalvajes a los corrales de las haciendas para cualquier labor rutinaria: destetar los terneros y marcarlos con los hierros de sus propietarios; castrar los machos no aptos para la reproducción (la mayoría); curar las reses heridas por cornadas, cortadas con alambre de púas o cualquier otro accidente; apartar del hato a las terneras muy jóvenes para la reproducción; apartar las novillas aptas para concebir con sus respectivos toros; entre otras actividades que requerían trabajar dentro de los corrales, a caballo unos y a pie otros. En estas faenas nacieron las destrezas de los vaqueros, de a pie y de a caballo, que originaron las corralejas, sitios en donde las demostrarían, muchas veces en competencia contra los vaqueros de otras haciendas y regiones, y asimilando parcialmente algunas técnicas del toreo clásico, como usar los capotes (“mantas” en la jerga corralejera), que permiten hacer el trabajo sin ser empitonados por las reses y a la vez divertirse un poco en las jornadas de trabajo largas y peligrosas. También nació el coleo de a caballo y de a pie, por la necesidad de tumbar una res para curarla, o para evitar que empitonara a una persona, jalando de este apéndice de cierta manera hasta derribar el animal. Hoy las corralejas son la barbarie disfrazada de diversión porque la mayoría de quienes se meten en ellas no son vaqueros, sino borrachos buscando lo que no se les ha perdido, y terminan los toros siendo sus víctimas y con más frecuencia, al revés. En las corralejas, contrarias a las corridas, se sueltan varios toros al tiempo para que se protejan unos a otros de la horda de carniceros de ocasión, obligados a mirar por encima del hombro siempre para no ser sorprendidos por otro animal. A medida que se achican las fincas y se tecnifican las explotaciones, se domestican los ganados y las corralejas serán cada vez más anacrónicas. Ahora son sobre todo un negocio disfrazado de tradición, en el que cada día pierde más su razón de ser. Menos mal que no mueren los toros porque sus propietarios los juegan muchas veces en distintas corralejas y a la vez tienen mucha más oportunidad de defenderse que en las corridas clásicas, donde matarlos es obligatorio. Lástima que no se puedan reglamentar las corralejas para que solo intervengan las personas calificadas para hacerlo de a caballo y de a pie, en virtud de su trabajo en la vaquería, y no por la falsa valentía del alcohol.

Con Información de El Universal

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