Christiane Valles: El erotismo es el rococó de la lujuria - EntornoInteligente

Ciudad CCS / Las grandes responsabilidades vienen acompañadas de una serie de condicionamientos, que muchas veces nos hacen olvidar que quienes la ejercen, son seres humanos que sienten y padecen como cualquiera de nosotros, que ríen, lloran, cocinan y hasta un pasito de salsa les sale bien.

Entre otras varias tareas, por sus ojos se pasean desde hace varios años todo lo que tiene que ver con la Feria Internacional del Libro de Venezuela (Filven), hablamos de Christiane Helena Valles, presidenta del Centro Nacional del Libro (Cenal), falconiana criada en Caracas, antropóloga, en algún momento viceministra de Cultura, chavista hasta siempre, pero también una tía amorosa, amante de la humanidad y de los pequeños gusticos, como el de comerse un heladito de coco artesanal que venden por la Andrés Bello, que según ella “son buenísimos”.

Lo primero que dijo es que se define como una venezolana ante todo, pero atípicamente de una tez blanca, “eso ha creado algunos prejuicios en la gente; no me asocian ni con Venezuela ni con Punto Fijo, y yo soy absolutamente venezolana por los cuatros costados, y hasta por los ocho también”.

-Chavista hasta siempre; eso dice la descripción de su cuenta en Twitter, ¿cierto? -¡Hasta siempre! Cuando llegó Chávez yo estaba en las circunstancias en la que estábamos todos los venezolanos. Muchos esperaban que algo pasara; era insostenible toda esa situación. Lo que no me imaginaba era que Chávez sería la respuesta, pero después de la constituyente del 99 dije: soy chavista, y ese mismo año lo conocí; yo trabajaba en el Instituto de Patrimonio Cultural y montamos una exposición en el Cuartel San Carlos que se llamó San Carlos libre.

El espacio iba a ser decretado por Chávez como el Centro Nacional de Culturas y a mi me tocó darle la visita guiada.

Aunque ese primer encuentro con el Comandante fue bastante conmovedor para ella, reconoce que el recuerdo más significativo se lo llevó en Cojedes, en un evento por la muerte de Ezequiel Zamora. Tras ser la oradora de la actividad, le tocó sentarse muy cerca de él; “ese día yo escuché y vi cosas allí que me convencieron de que no estaba equivocada, Chávez le decía a su edecán ‘yo tomo café después que los demás, encárgate de eso y luego me lo traes a mí; ¿la gente ya tiene agua?; Hay que tratar bien a la gente'”. Uno se da cuenta si esas palabras son reales o por aparentar, eso se nota, y Chávez era de los reales.

-¿Qué está leyendo ahorita Christiane Valles? – Ahorita estoy leyendo Estupor y temblores de Amélie Nothomb. De ella misma acabo de terminar Cosmétique de l’ennemi , se lo acabo de recomendar a Roberto Malaver, ¡qué libro tan bueno! Es del año 93, qué lastima no haberlo descubierto antes.

Sobre el tema literario había que indagar mucho más; no basta saber qué está leyendo ahorita. Al parecer es una entusiasta de la poesía. De este género le gusta Vicente Aleixandre, lo descubrió desde muy joven. Pero si de venezolanos hablamos, para ella “sin duda alguna, los mejores versos son de Ramón Palomares”.

Pero como buena antropóloga, si recomienda algo de narrativa apela por su debilidad por la humanidad, ” Casa-grande y senzala , de Gilberto Freyre, es un libro que cabalga entre la etnografía y la novela para contar algo de la sociedad brasileña.

Doña Bárbara , de Gallegos, y La vida exagerada de Martín Romaña , de Bryce Echenique, son obras que Christiane considera una lectura obligada, pero en su caso particular, y después de un largo pensar, si hay un libro que la haya marcado es la Interpretación de las culturas , de Clifford Geertz. Aunque le resultó difícil escoger solo un libro, hay más obras que han dejado sus huellas: La mujer rota , de Simone de Beauvoir; Orgullo y prejuicio , de Jane Austen, de este último dice nos dice entre risas que “es uno de los libros que más he leído en la vida, la primera vez fue a los 13 años y sería muy injusto que lo deje por fuera, no es un libro que me define, pero yo estuve enamorada del Sr. Darcy”.

Más allá de la antropología, los libros y sus ferias, hay una mujer apasionada por la humanidad y la vida. Filven Cada vez que paseo por una Filven suelo pensar en toda la logística necesaria para que ese proyecto se materialice, siempre vemos todo de la puerta para afuera, pero en frente de mí estaba la primera responsable.

-¿Cuáles son las complicaciones de montar una feria del libro? – Hay muchas cosas que juegan a favor. El equipo que conceptualiza Filven no es numeroso, aunque todo el Cenal se involucra de varias maneras. Hay muchas cosas que requieren de tiempo para hacerlas posible: países invitados, impresión de libros, contratos y a veces los cambios de ministros implican rehacer muchas cosas. Otro tema muy importante es el presupuesto con el tiempo, pero una las cosas más dolorosas para nosotros es la ausencia de oferta internacional en la feria en los tres últimos años, las dificultades que tenemos para imprimir suficientes novedades. La Filven en este momento es la que podemos tener, pero no es la que nos merecemos”.

De esas vivencias que dejan cada feria del libro rescató una en especial “yo no voy a olvidar nunca que nosotros montamos la feria cuando Chávez estaba siendo velado, y yo tenía que dar la cara todos días cuando lo único que quería era llorar”.

-¿Qué poder tiene un pueblo que lee? – El poder de la vida, los que leen más allá de los libros, los que leen la realidad. Yo creo por supuesto en la oralidad y en las palabras en todas sus formas, si somos consecuentes con aquello de que cada ser humano es un libro abierto, cuando nos acercamos a la cualidad sensible de esa persona, estamos haciendo una lectura. Hay que trascender la cultura libresca y ser capaz de ser un lector crítico de lo que le perciba.

Una ciudad que lee es una ciudad que se palpa a sí misma, que está viva; así lo siente Christiane, y asegura que “leer no es un hecho pasivo; leer es la acción de apropiarse de unos contenidos y crear otros que se producen a partir de esa acción”.

Ya volviendo al plano personal, en una amplia conversación acompañada de un café en una oficina, donde la vista que se aprecia de Caracas es maravillosa, dejamos a un lado los libros para saber de esa mujer.

-¿Cómo es Christiane Valles fuera del Cenal? – Una tía amorosa -fue la respuesta más rápida que dio a todas las preguntas- y aunque la verdad que la mayor parte del tiempo estoy trabajando, cuando puedo trato de ser una tía de mis sobrinos.

De los pequeños placeres de la vida también dio detalle: comer y dormir podría ser lo suyo, pero no lo es, porque algo que no le gusta es un día donde no tenga absolutamente nada qué hacer, y los combate con algún invento en la cocina y una peli de la televisión.

– ¿Y el erotismo? – Para mí el erotismo es el rococó de la lujuria -dicho entre risas-. El erotismo pasa necesariamente por un ejercicio de sexualidad, pero trasciende al sujeto para suponer una relación. El erotismo tiene la particularidad de demostrar que no existe la naturaleza humana; el ser humano es capaz de controlar y modelar sus instintos y convertirlos en otra cosa.

Particularmente Christiane percibe el erotismo en los demás por las manos, “hay algunos hombres que tienen unas manos, que cuando hablan las mueven de una manera que a mí me resulta sumamente erótica, pero debe haber un discurso, un cierto liderazgo, una sensibilidad asociada”.

En la danza y el movimiento de los cuerpos, también percibe mucho erotismo, gracias a la química que se genera entre las parejas, es algo más fuerte incluso que lo profesional, “como un intelectual que baila salsa”.

El tema de la desnudez es percibido de una manera diferente desde la óptica de esta mujer. Para ella es más natural estar vestido que estar desnudo: “yo creo profundamente en lo humano, en la transformación y apropiación y en la diferenciación de los seres humanos, y las primeras formas de diferenciación y caracterización tienen que ver con la intervención del cuerpo”.

Más allá de todas las palabras y el tecnicismo con el que habla, confiesa que la virilidad en un hombre es crucial en lo erótico, y si lo tiene que reflejar en una figura que todos conocemos, se inclina por el gobernador de Miranda, Héctor Rodríguez: “sabe ser un hombre, su voz y sus movimientos emanan feromonas, pero con sensibilidad y dulzura; hay una manera de reírse y de hablar que no es impositiva, que atrapa”.

Hay algo muy claro en todo lo que dice, y es que a ella la seducen con ideas. Se enamora por el oído, de los idealistas, de los hombres visionarios, como lo fue el Generalísimo: “para mí Francisco de Miranda fue un hombre maravilloso, más allá de todo esas grandes historias del vello púbico y lo seductor que fue, era un visionario, capaz de despertar admiración en cualquiera que supiera de él. Estudiarlo produce una reacción física, transmite pasión, el tipo te enamora a distancia; es increíble eso”. ________________ * Biografía Mínima

Christiane Valles nació en Punto Fijo y desde los 7 años se vino a vivir a Caracas. Toda su educación básica la cursó en el Colegio Teresiano, en El Paraíso. Desde pequeña ya sabía que la Escuela de Antropología de la UCV la estaba esperando. Luego de graduarse ha desempeñado varios cargos dentro de la administración pública, y actualmente es la presidenta del Cenal, una tía amorosa y amante de la lectura. Se define a sí misma primeramente como venezolana.

ALBERT CAÑAS FOTO JESÚS VARGAS Christiane Valles: El erotismo es el rococó de la lujuria

Con Información de Ciudad CCS

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