Así les fue a los colegios de Bogotá en calidad educativa - EntornoInteligente

El Tiempo / Dedicación, innovación, perseverancia, pero sobre todo amor por educar son palabras que salen del discurso de los profesores y directivos de los colegios que quedaron en los primeros lugares de calidad , luego de que el Ministerio de Educación decidió medir qué tanto mejoraron en 2014.

Eso pasó gracias al Índice Sintético de Calidad Educativa, el cual ha logrado que varios planteles se pongan en sintonía con el futuro de la educación en el mundo. (Lea también: ‘Nadie se puede lavar las manos cuando hablemos de calidad educativa’ )

En el caso de los colegios públicos de la capital del país, todos tienen logros obtenidos más allá de la infraestructura, muchos con recursos escasos, con solo la decisión de sus directivas de “sacarla del estadio”.

Ese es el caso del Colegio Femenino Lorencita Villegas de Santos, el primero en solo una lista de varios planteles de diferentes localidades de Bogotá que sobresalen por sus logros en primaria, media y secundaria. (Lea también: Ser ‘pila’ paga, columna de Guillermo Perry )

Así mismo, se destacan los alcances de los colegios privados, muchos de los cuales tienen trayectorias históricas de su trabajo dedicado en la búsqueda de una buena educación.

Hoy no solo fueron medidos por las Pruebas Saber sino que el Gobierno decidión fijar su vista en cuatro componentes: progreso, desempeño, eficiencia y ambiente escolar. Los dos primeros se determinaron a partir de las tradicionales Pruebas Saber; el tercero, del sistema de matrículas del MEN y el último, de los cuestionarios anexos de factores asociados que diligencian los estudiantes de quinto y noveno cuando se presenta el examen. Sus historias son la prueba fidedigna de que sí se puede mejorar. (Lea también: Llegó la hora de que colegios pasen al tablero cada año )

‘Siempre pensamos en qué debemos mejorar’

Desde 1961, el Colegio Femenino Lorencita Villegas de Santos ha sacado generaciones enteras de niñas bien educadas. Así describe su rectora, María Victoria Castro, el trabajo arduo que ha realizado durante años.

Formación en valores y liderazgo, equidad de género e interés por aprender y aplicar conocimientos son aspectos que deben tener claros los formadores de esa institución pública. Eso ha hecho que el colegio sea reconocido por sus logros académicos y de convivencia.

Todo esto pasa en un plantel que carece de plantas físicas modernas o elementos de última generación que tantos docentes ponen en el primer lugar de requisitos para poder mejorar.

Eso sí, lamentan quedarse cortos en cobertura. “Tenemos una amplia demanda. Las familias quieren que sus hijas estudien acá. Sobre todo nuestras exalumnas”, dice Castro.

Las niñas no solo se forman en lo académico sino que las enseñan a ser líderes, a pensarse en proyectos para la vida y a tomar decisiones trascendentales. La familia siempre está cerca del progreso de sus hijas. Eso también ha sido parte del éxito.

Reconocimientos les sobran; hasta en inglés han sacado los primeros lugares. “Cada año nos analizamos, y siempre hay algo en qué mejorar. Esa es la clave”, dijo Castro.

‘Los jóvenes necesitan límites’

Hay algo que los exalumnos del colegio San Carlos siempre recuerdan: cuando el padre Francis Wehri Osh recorría los pasillos y una nube de jóvenes se acercaban a saludarlo, a contarles sus problemas o simplemente a estrechar sus manos.

Esa relación entre docentes, directivos y estudiantes siempre ha sido parte del éxito de este colegio, que quedó en el primer lugar de secundaria a la luz del índice de calidad del MEN.

 

Los jóvenes del San Carlos siempre han tenido una estrecha relación con los docentes. Confían en ellos.

Fue en 1966, el día en que el padre Francis tuvo que aceptar uno de los retos más grandes de su vida: viajar a Bogotá a dirigir un colegio que solo cinco años atrás había comenzado a funcionar. Hoy, cuando el San Carlos ya supera los 50 años de historia, saben cuál ha sido la clave del éxito: aprender con los jóvenes y enseñar la importancia de la familia y los valores en la educación. También son conscientes de lo que no se debe dejar perder: el diálogo constante, expresar las ideas con humildad y abrirle espacio a la discusión.

Para esta institución hay algo que se ha perdido en una sociedad que les exige a los estudiantes éxito en el trabajo y en el estudio. “Los padres de familia se olvidan de formar a sus hijos, los dejan solos y no los orientan. Los jóvenes siempre van a cometer errores, pero en esos momentos necesitan límites”, dijo el padre Francis en una entrevista con EL TIEMPO.

BOGOTÁ

Con Información de El Tiempo