Diario El País: Más de 2 millones de venezolanos viven en el exilio
 Inicio > Internacionales | Publicado el Domingo, 13 de Agosto del 2017
Diario El País: Más de 2 millones de venezolanos viven en el exilio
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Diario El País: Más de 2 millones de venezolanos viven en el exilio

Noticia Al Dia / Venezuela ya no es solo esa porci√≥n de tierra entre Colombia, Brasil, Guyana y el Caribe. Venezuela es Espa√Īa. Venezuela es, tambi√©n, Estados Unidos o M√©xico. Si los pa√≠ses son sus habitantes y de Venezuela ya se han ido tantos, ¬Ņd√≥nde est√° Venezuela? “En todo el mundo. Los venezolanos se han expandido tanto que est√°n construyendo una nueva geograf√≠a. Una geograf√≠a que no se ve en el mapa tradicional”, reflexiona el soci√≥logo Tom√°s P√°ez, coordinador de La voz de la di√°spora venezolana (Catarata, 2015).

El primer informe global sobre este fen√≥meno migratorio, elaborado por el Observatorio de la Voz de la Di√°spora Venezolana con cifras de los institutos de estad√≠stica de los pa√≠ses de acogida, concluye que m√°s de dos millones de ciudadanos han dejado Venezuela en los √ļltimos 18 a√Īos, desde la llegada del chavismo al poder. La mayor√≠a se ha marchado a Estados Unidos (entre 400.000 y 450.000) y Espa√Īa (300.000). El √©xodo empez√≥ en el Gobierno de Hugo Ch√°vez (1999-2013) y se ha acelerado, en distintas oleadas migratorias, al calor de la crisis. “El ritmo de crecimiento de la emigraci√≥n es tan r√°pido que es casi imposible mantener los datos actualizados”, matiza P√°ez. “Pero la gente lo puede percibir en el metro o en la calle: no hay lugar donde no escuches el acento venezolano”.

La di√°spora se ve empujada, principalmente, por los alt√≠simos niveles de inseguridad"28.479 muertes violentas en 2016, seg√ļn el Observatorio Venezolano de Violencia? y el cada vez m√°s grave deterioro econ√≥mico"con una inflaci√≥n del 720%, seg√ļn la proyecci√≥n del FMI para 2017" Lo confirma el estudio, pero tambi√©n lo dice cualquier venezolano al que se le pregunte. P√°ez resume las razones del exilio: “En el cuestionario que hicimos en m√°s de 40 pa√≠ses preguntamos por qu√© se iban; dec√≠an, por ejemplo, que la √ļnica nevera que estaba llena en Venezuela era la de la morgue o que prefer√≠an despedir a sus hijos en el aeropuerto y no en el cementerio”.

Estados Unidos

Marco Sergent, 43 a√Īos, y Ninoska Belardi, 43, matrimonio originario de Valencia (Venezuela), llegaron en noviembre con su hija de 17 y su hijo de 8 a Doral, la ciudad de Miami donde se concentran los venezolanos, tambi√©n conocida como Doralzuela. Es un municipio en expansi√≥n que todav√≠a incluye elementos tan dis√≠miles como un prado donde pastan vacas y un campo de golf de Donald Trump. Es, seg√ļn el censo federal, la und√©cima ciudad que crece m√°s r√°pido de Estados Unidos. Gracias al aluvi√≥n de venezolanos. Unos 70.000 en el condado de Miami-Dade (registrados). Doralzuela. Donde Marco y Ninoska pueden terminar la entrevista fotografi√°ndose al pie de una estatua de Sim√≥n Bol√≠var; donde antes de la entrevista pueden disfrutar de sendos cachitos, panes rellenos t√≠picos de su tierra, sentados a una mesa de Don Pan, una cafeter√≠a con una clientela 99% venezolana en la que hace cuatro meses fue identificado entre los dem√°s clientes un exministro chavista y expulsado entre insultos y rechinar de muelas.

Belarde viaj√≥ en febrero a Venezuela por la muerte de un hermano. “Sent√≠ un desmejoramiento brutal. Llegu√© al aeropuerto de Caracas y no hab√≠a luz, ninguna escalera mec√°nica funcionaba, las bandas de las maletas no se mov√≠an y me atendi√≥ un agente de inmigraci√≥n con aliento a drag√≥n”, recuerda. Despu√©s gira el cuello, mira la televisi√≥n, ve a una dirigente chavista y el gesto se le tuerce mudo, sin palabras, ni siquiera un insulto.

Miami es la capital de la rabia antichavista. De organizaciones del exilio que fiscalizan con severidad a la oposici√≥n, cuya decisi√≥n de participar en las elecciones regionales previstas para diciembre se llega a considerar “una traici√≥n”, en palabras por tel√©fono del teniente exiliado y opositor Jos√© Antonio Colina. “En el exilio”, asegura, “la oposici√≥n tiene un rechazo del 80% o el 90%”. Patricia Andrade, que ayuda a los reci√©n llegados necesitados, recalca la “decepci√≥n” de estos exiliados con los l√≠deres opositores por no rechazar de plano la legitimidad de cualquier iniciativa del r√©gimen: “Llegan con el √°nimo perdido y dici√©ndote que gracias a Dios que se pudieron ir, porque aquello va para largo”.

Sergent es √°rbitro profesional. Ha arbitrado a Federer, a Nadal, a Sampras. Sigue en el circuito de √©lite, pero cuando no tiene partidos hace Uber para sumar sueldo. Y d√≠a a d√≠a, minuto a minuto, escruta su tel√©fono en espera nerviosa de la √ļltima hora de su pa√≠s. La mitad de su cabeza"as√≠ como el grueso de su familia y la de su pareja? sigue en Venezuela. “Nosotros estamos aqu√≠, pero el fantasma nuestro est√° all√°”, explica, la ansiedad removi√©ndose en su cabeza: “Esto terminar√° en algo. En mucha gente muerta en la calle o en un despelote militar. Pero est√° a punto de pasar”. Lo desahoga, sin embargo, ver a su hija en Miami. “Aqu√≠ se levanta sonriendo. Todo lo que habla es positivo”.

Ninoska Belarde y Marco Sergent, como"a estas alturas de la jugada? la mayor√≠a de los venezolanos en Miami, se muestran m√°s pesimistas que esperanzados en que su pa√≠s recupere pronto la cordura democr√°tica. Por ahora"un ahora lleno de incertidumbre y que se pudiera alargar m√°s de la cuenta¬≠? no se ven regresando a su tierra. Su vida es Miami, es Doralzuela, rodeados de paisanos con los que hacen barbacoas, con los que van a la playa, con los que se sienten “fuertes y en compa√Ī√≠a”, dice Belarde. “Aqu√≠ me he reencontrado con tres cuartas partes de los vecinos de mi calle de Valencia, la calle Plut√≥n”. Todos saben que, hasta nueva orden, el planeta m√°s alejado de Doral se llama Venezuela.

Espa√Īa

La crisis ha empujado a miles de venezolanos a “desandar” los pasos de sus padres o abuelos, a hacer maletas y emprender un camino de regreso a los or√≠genes. En esa traves√≠a se encuentra Rosaura Valentini, hija de una catalana y esposa de Yon Goicoechea, nieto de vascos y canarios. La pareja del opositor venezolano encarcelado desde hace casi un a√Īo en Caracas lleg√≥ a Espa√Īa hace tres semanas con su madre y sus dos hijos, de 5 y 8 a√Īos. La familia se ha instalado en el municipio madrile√Īo de Rivas-Vaciamadrid, donde espera el inicio del curso escolar. “Mis hijos se quedar√°n aqu√≠ y yo, por Yon, tengo que moverme entre Venezuela y Espa√Īa. No lo puedo dejar solo. Lo ideal ser√≠a estar en mi pa√≠s, todos juntos y en libertad, pero eso por ahora es imposible”.

Unos 208.000 ciudadanos nacidos en Venezuela viv√≠an en Espa√Īa hasta el pasado 1 de enero, seg√ļn el padr√≥n continuo del Instituto Nacional de Estad√≠stica (INE). De ellos, 127.700 son espa√Īoles y el resto, 80.300, √ļnicamente venezolanos. El Observatorio de la Voz de la Di√°spora Venezolana asegura, sin embargo, que las cifras oficiales se quedan cortas: seg√ļn sus datos, en Espa√Īa viven ya m√°s de 300.000 venezolanos. Como en otros pa√≠ses, un porcentaje importante tiene doble nacionalidad. “Venezuela siempre fue un pa√≠s de inmigrantes. Seg√ļn el censo del 60, el 15% de los siete millones de habitantes [hoy son m√°s de 30 millones] era inmigrante. Y muchos otros eran hijos o nietos de inmigrantes”, destaca el coordinador de La voz de la di√°spora venezolana.

Como Valentini y Goicoechea. El dirigente de Voluntad Popular, el partido de Leopoldo L√≥pez, permanece en prisi√≥n, pese a una orden de excarcelaci√≥n emitida en octubre y el reciente archivo de la investigaci√≥n en la Fiscal√≠a General. El 29 de agosto de 2016 su coche fue interceptado por un grupo de hombres armados. Su esposa relata que durante 56 horas estuvo incomunicado, en paradero desconocido, hasta que el r√©gimen asegur√≥ que hab√≠a sido detenido con explosivos: “Es un invento del Gobierno para justificar su secuestro, su detenci√≥n arbitraria”.

Valentini pide para sus hijos algo tan sencillo como ver a su padre, una pelea que ha trasladado a la Audiencia Nacional de Espa√Īa por la doble nacionalidad de su marido. “No hay d√≠a que mis ni√Īos no me pregunten cu√°ndo regresar√° su pap√°, pero aqu√≠ al menos pueden salir a la calle. All√° tienen que estar encerrados, por las barricadas y por la inseguridad. Aqu√≠ mi madre est√° m√°s tranquila; all√° siempre tiene miedo de lo que me pueda pasar”.

La poblaci√≥n con nacionalidad espa√Īola que lleg√≥ al pa√≠s el a√Īo pasado proced√≠a, principalmente, de Venezuela: 10.285, seg√ļn el INE. El organismo destaca, adem√°s, el incremento de los inmigrantes venezolanos en un 75,3% en el √ļltimo a√Īo: de 10.529 llegados en 2015 subi√≥ a 18.463 en 2016. La poblaci√≥n venezolana en Espa√Īa es mayoritariamente joven: m√°s de la mitad tiene menos de 35 a√Īos, 42.598 de 80.300, seg√ļn los datos del INE.

En ese grupo se encuentran Mar√≠a Teresa Gonz√°lez, de 25, y Giuseppe Sallusti, de 27, un matrimonio que lleva casi dos a√Īos en Madrid. A ella, periodista, y a √©l, ingeniero en producci√≥n, les ocurri√≥ lo que a muchos: no ve√≠an futuro en Venezuela. Ambos buscaron un m√°ster en Espa√Īa y aqu√≠ siguen todav√≠a, ahora al frente de su propio negocio: una franquicia de comida. “Yo quer√≠a trabajar, producir, no pensar en qu√© voy a comer ahora”, cuenta Sallusti, venezolano con pasaporte italiano. “Suena exagerado, pero cuando llegu√©, en vez de conocer la ciudad, me iba a los supermercados, a veces solo a ver qu√© hab√≠a. ¬°Tienen tanta variedad! Aqu√≠ tienen de todo”.

Gonz√°lez reconoce que, aunque aqu√≠ pueden caminar tranquilos por las calles, hay noches que no duermen: la violencia logra quitarles el sue√Īo a 7.000 kil√≥metros de distancia. “Aqu√≠ nos estamos acostando cuando all√° protestan. En Barquisimeto, mi ciudad, la represi√≥n ha sido muy fuerte. Un amigo muri√≥ protestando en Cabudare; al parecer, por disparos de perdigones de un guardia nacional”. En d√≠as como ese recuerda las palabras de su padre: “Me dijo: ‘Me duele que te vayas, pero me tranquiliza saber que estar√°s bien, que ya no voy a estar preocupado cada vez que sales’. Nunca quise irme, pero tener la oportunidad de enviarles medicinas, saber que a mis padres no les da una crisis de hipertensi√≥n, que mi abuela tiene sus pastillas para la depresi√≥n o que mi hermano tiene los antibi√≥ticos que necesita, me dice que vale la pena estar fuera”.

Colombia

Hace una d√©cada que este exgerente de PDVSA, que prefiere no decir su nombre, lleg√≥ a Colombia. Sali√≥ de su pa√≠s casi cinco a√Īos despu√©s de que la petrolera estatal venezolana despidiera a cientos de empleados y jubilara a otros tantos. “A los que votamos no en el refer√©ndum revocatorio de 2002 nos jubilaron sin indemnizaci√≥n”, cuenta al otro lado del tel√©fono desde su casa en Bogot√°. Durante varios a√Īos ejerci√≥ la resistencia pol√≠tica a trav√©s de varias asociaciones. “Pero cuando la plata se acab√≥ comenzamos a emigrar”.

Este hombre forma parte de la segunda gran oleada de venezolanos que se marcharon cuando a√ļn gobernaba Ch√°vez, entre 2006 y 2007. La primera fue en 2002. Muchos de sus compa√Īeros de PDVSA se fueron a pa√≠ses √°rabes; otros a Estados Unidos, M√©xico o Argentina; unos pocos llegaron a Colombia. Todos persiguiendo el oro negro con el que hab√≠an trabajado desde j√≥venes. Un grupo de exgerentes de PDVSA compr√≥ y cre√≥ empresas en Colombia gracias a una alianza con canadienses. De aquellos acuerdos surgieron compa√Ī√≠as petroleras como la ya extinta Pacific Rubiales. “En poco tiempo comenzamos a traer a ingenieros y t√©cnicos de Venezuela”, relata quien fuera hasta hace pocos meses responsable de estas entidades. Usaban la picaresca legal para evitar los cupos del 20% para extranjeros. “No era mano de obra; era personal sobrecualificado que, aun as√≠, aceptaban trabajos en los campos”. Pese a que muchos trabajadores de PDVSA cambiaron de categor√≠a laboral, los salarios que ganaban en Colombia eran mayores.

Los resultados que obtuvieron en poco tiempo sirvieron de argumento para justificar la llegada de tantos venezolanos ante la resistencia del Colegio de Ingenieros de Colombia. “Llegamos a producir 330.000 barriles de los 900.000 que en aquel momento generaba el pa√≠s”, asegura. La nueva oleada de venezolanos que escapan de Nicol√°s Maduro es diferente de la suya: “Vienen otro tipo de trabajadores, de otros sectores”. Lo que s√≠ comparten es el deseo de regresar alg√ļn d√≠a a Venezuela. “Si ma√Īana se va Maduro, al d√≠a siguiente volvemos todos”.

En 2015 entraron en Colombia cerca de 329.478 venezolanos; en 2016 la cifra fue de 378.965, un crecimiento del 15%, seg√ļn datos de Migraci√≥n Colombia. La Canciller√≠a matiza que no todos llegan para quedarse: el n√ļmero de entradas es alto, pero tambi√©n el de salidas. Solo en el primer semestre de 2017 se han registrado 263.000 llegadas y 228.000 salidas, seg√ļn Migraci√≥n Colombia. ¬ŅD√≥nde est√°n los 35.000 restantes? Si han entrado de manera regular, sellando el pasaporte y obteniendo el visado, podr√°n quedarse 90 d√≠as, con una pr√≥rroga de otros 90. Si han entrado por zonas no controladas, pasan a formar parte de otro censo.

Migraci√≥n Colombia ha registrado a m√°s de 340.000 ciudadanos venezolanos; 50.000 tienen visado vigente y a otros 153.000 se les ha caducado. Para este grupo, la Canciller√≠a ha creado el permiso especial de permanencia (PEP), en vigor desde este mes. Los ciudadanos que lo soliciten podr√°n permanecer 90 d√≠as m√°s en el pa√≠s, con la posibilidad de extenderlo hasta dos a√Īos. Esta nueva autorizaci√≥n permite trabajar, estudiar y desarrollar cualquier tipo de actividad legal.

Para completar la cifra de 340.000, las autoridades colombianas han categorizado a entre 100.000 y 140.000 como irregulares, es decir, aquellos que entraron por pasos no autorizados. Existe una cuarta categoría de migrantes: los que usan los puentes fronterizos para realizar transacciones comerciales y, al final del día, volver a casa. Unas 50.000 personas cruzan diariamente a comprar, en su mayoría, bienes de primera necesidad.

Los organismos internacionales manejan cifras distintas. Juan Carlos Murillo, director de ACNUR, la oficina de la ONU para los refugiados, asegur√≥ en la Comisi√≥n Interamericana de Derechos Humanos que en Colombia se habla de “hasta un mill√≥n” de venezolanos. Una cifra similar maneja una investigaci√≥n liderada por el soci√≥logo Iv√°n de la Vega, un experto en migraci√≥n venezolana que concluye que en los √ļltimos 20 a√Īos han llegado unos 900.000 venezolanos, algunos con doble nacionalidad.

México

iel a su tradici√≥n, M√©xico se ha convertido en tierra de asilo para el resto de Am√©rica Latina. Miles de venezolanos votan con los pies desde hace cuatro a√Īos y huyen hacia el norte, no siempre a Estados Unidos, ni tampoco a Colombia o Espa√Īa, sus destinos habituales. La mayor√≠a se va en busca de un futuro mejor ante la crisis econ√≥mica y el desabastecimiento, o huyendo de la persecuci√≥n del r√©gimen de Nicol√°s Maduro. Las cifras en M√©xico son opacas y las de la di√°spora venezolana, tan dif√≠ciles de verificar como si se intentase medir el sentimiento del exilio. Seg√ļn la Unidad de Pol√≠tica Migratoria de la Secretar√≠a de Gobernaci√≥n, unos 40.000 venezolanos han llegado en avi√≥n al pa√≠s en lo que va de a√Īo, m√°s de 200 por d√≠a, pero es imposible saber cu√°ntos son en realidad turistas, cu√°ntos se quedan en situaci√≥n irregular o si est√°n de paso.

Hay algunos indicios: de los 600.000 venezolanos que votaron en el extranjero en la consulta de la oposici√≥n del pasado 16 de julio, unos 22.583 lo hicieron en M√©xico, mientras que la Embajada de Venezuela solo tiene registrados a 2.489 desde hace cinco a√Īos. En 2016, el Instituto Nacional de Migraci√≥n (INM) concedi√≥ 10.149 tarjetas de residentes temporales a ciudadanos venezolanos"una cifra r√©cord? y este a√Īo se han recibido unas 1.400 solicitudes de asilo, casi cuatro veces m√°s que las 361 registradas en 2016, seg√ļn fuentes oficiales.

La oscuridad tambi√©n planea sobre los perfiles de los reci√©n llegados, muchos de ellos profesionales. Coinciden en que su salida fue una decisi√≥n meditada, fruto sobre todo del caos por el que se desliza el pa√≠s caribe√Īo y a que cuentan con apoyos en M√©xico. La mayor√≠a descarta volver en un futuro inmediato. “No vuelvo hasta que se vaya ese se√Īor”, asegura Norke, que trabaja en el bar de su t√≠a en la c√©ntrica colonia Roma de la Ciudad de M√©xico, convertido en una especie de mini-Venezuela y lugar de reuni√≥n de algunos compatriotas. Norke, que tiene sus papeles en regla, lleva un a√Īo en la capital mexicana, donde lleg√≥ con su marido “huyendo de la situaci√≥n econ√≥mica y humanitaria”. Est√° contenta con la acogida de los mexicanos y asegura que no tuvo problemas con los tr√°mites migratorios.

El mismo sentimiento comparte Adriana Rivera, periodista de 32 a√Īos que decidi√≥ exiliarse con su pareja en septiembre de 2014. “Con la situaci√≥n de mi pa√≠s no pod√≠a llevar una vida adulta, no pod√≠a hacer planes para casarme”. Ahora ambos tienen el futuro que ansiaban: trabajan en el sector de la comunicaci√≥n y se sienten felices, aunque ven con pesimismo la situaci√≥n en su pa√≠s. “Tardar√° d√©cadas en arreglarse”.

Ileana Garc√≠a Mora sufri√≥ en carne propia los zarpazos del r√©gimen: la empresa de comunicaci√≥n en la que trabajaba, la Cadena Capriles, el mayor grupo privado del pa√≠s, fue vendida a un empresario cercano al chavismo. Ella se march√≥ en 2014, tambi√©n con su marido, camar√≥grafo, porque empez√≥ a pensar que all√≠ no hab√≠a futuro. “Los mexicanos se muestran muy cr√≠ticos con la corrupci√≥n, las desapariciones y todo lo que est√° pasando”, dice, pero “con pocos pesos te compras una lata de at√ļn y pan. Eso es un lujo en Venezuela”. Ahora piensan en montar su propio negocio. “Este es un pa√≠s de oportunidades”.

No hay dos exilios iguales, pero todos los consultados coinciden en se√Īalar la similitud de caracteres entre mexicanos y venezolanos como un plus para su integraci√≥n, y hay incluso redes de solidaridad virtual como la p√°gina de Venezolanos Unidos en Facebook con m√°s de 10.000 seguidores activos o asociaciones como Por un d√≠a m√°s que env√≠a bienes b√°sicos a Venezuela desde 2015. Una arepa y una tortilla, al fin y al cabo, est√°n hechas de ma√≠z.

El Pa√≠s de Espa√Īa

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