Cómo viene la mano
 Inicio > Internacionales | Publicado el Domingo, 13 de Agosto del 2017
Cómo viene la mano
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Pagina 12 / Miguel Grinberg responde ochenta preguntas como un or√°culo. Eso es todo: ni m√°s ni menos. Un monumental tr√°fico de ideas, conceptos y recuerdos. Se lee como un ejercicio intelectual, pero tambi√©n como una demostraci√≥n del lugar que ocupa -que fue ocupando- un escriba bastante inclasificable, un brote de los a√Īos '60 que se movi√≥ entre la m√ļsica, el periodismo cultural, la poes√≠a, la ecolog√≠a y cierto misticismo de ramos generales. Su mayor virtud, tal vez, es el sentido de ubicuidad: una intuici√≥n de pionero que lo deposit√≥ oportunamente en situaciones que hoy resuenan legendarias. De sus correspondencias con el poeta beatnik Allen Ginsberg al libro C√≥mo vino la mano, en el que cuenta en su doble rol de protagonista y testigo aspectos fascinantes y tambi√©n siniestros -el relato de Luis Alberto Spinetta sigue resultando escalofriante- de la fundaci√≥n m√≠tica del rock argentino y de los a√Īos posteriores; de su viaje de mochilero junto a Antonio Dal Masetto al Brasil para gozar la bossa nova en su territorio a los desprendimientos pedag√≥gicos y cooperativos de la Multiversidad y la revista Mutantia, todo aparece arropado por un af√°n alternativo. En la imposibilidad de definirlo radica la enigm√°tica fascinaci√≥n que ejerce, para muchos, su vida y el relato de su vida. El viernes 18 cumple 80 a√Īos y la editorial independiente Gourmet Musical lo agasaja con 80 preguntas a Miguel Grinberg.

El libro, colectivo, est√° constituido por el interrogatorio de ochenta personajes que orbitan el Planeta Grinberg. Entre poetas, periodistas, m√ļsicos, editores, escritores, pl√°sticos, psic√≥logos, productores, ecologistas, terapeutas, fot√≥grafos y pataf√≠sicos, se configura la trama de las obsesiones y recurrencias de Grinberg. Las respuestas tienen la sobriedad -y a veces la ¬†solemnidad- de un patriarca de los p√°jaros beat, que le pone el pecho a todo. No debe haber resultado sencillo responder con originalidad y estilo esa cantidad de preguntas, algunas del tipo de: "Si te dieran a elegir entre ser inmortal o despertar un d√≠a y encontrar el mundo que so√Īaste, con los valores en su lugar, justo y sin maldades, ¬Ņqu√© elegir√≠as?". O: "¬ŅQu√© suceder√° cuando el arte pierda definitivamente su poder de pathos?". Sonr√≠e Grinberg. No se amilan√≥ en su momento, y ahora sonr√≠e. "Al final qued√≥ un libro-manifiesto. Comparto con los que preguntan y con los lectores pensamientos que nunca hab√≠a expresado. Siento que todos quisieron subirse al tren, y eso me provoca dicha. ¬°Hasta mi esposa pregunta! Hasta pregunta Mona Moncalvillo, que detesta el rock".

Est√° en su casa del barrio de Monserrat, un departamento antiguo de la calle Venezuela desde donde se ve el contorno del rostro de Evita sobre el edificio del Ministerio de Obras P√ļblicas. Hay cuadros, retratos que lo muestran de joven, cuando su figura espigada y sus rasgos agudos lo acercaban a una versi√≥n criolla de William Burroughs. M√°s all√° est√° la sala de meditaci√≥n, donde una vez por semana coordina un grupo que se entrega a sus conocimientos de respiraci√≥n. En esa sala manda, en afiches y textos, el extraordinario ¬†escritor y monje trapense Thomas Merton, una de las debilidades de Grinberg. De muy joven lo visit√≥ al monasterio donde estaba recluido, la abad√≠a de Getseman√≠ en Kentucky, y se convirti√≥ en disc√≠pulo, amigo y traductor al espa√Īol.¬†

Otra habitaci√≥n es lo m√°s parecido a un cuarto adolescente: un espacio m√≠nimo atiborrado de libros, discos y fotos de Luis Alberto Spinetta y de Pescado Rabioso. Ah√≠ tiene la computadora, ah√≠ trabaja. Un sol horizontal y de invierno templa el ambiente: son las primeras horas de la tarde y desde las ocho est√° recibiendo gente. Su mujer Flavia, brasile√Īa, adem√°s de preguntar, sirve caf√© y galletitas. Es psic√≥loga, desborda simpat√≠a alla brasile√Īa y la pregunta que le hizo a su pareja para el libro parte de la autorreferencia: "¬ŅHubo alg√ļn condimento inesperado en la construcci√≥n de nuestra convivencia, digna de ser compartida con las parejas j√≥venes que tienen el gran desaf√≠o de ir m√°s all√° del amor rom√°ntico?".¬†

Ahora dice que Miguel est√° m√°s cansado que de costumbre porque se recupera de una operaci√≥n. "S√≠ -completa Grinberg-, una peque√Īa intervenci√≥n quir√ļrgica. Pero ya estoy bien. Y... es la edad. Queda tanto para hacer...", dice y se√Īala el desorden. Su voz se mantiene imperturbablemente joven. Se escucha clara, limpia, radial.

¬ŅQu√© se siente llegar a los 80?

  -Una vez le pregunté a Allen Ginsberg qué se sentía cumplir 60. Y me dijo: "Es como cumplir 15, con espejos". Bueno, para mí los 80 es como cumplir 15 con youtube, que todo lo multiplica.

¬ŅTe sorprendi√≥ el nivel y tono de la mayor√≠a de las preguntas?

¬† -S√≠, me pareci√≥ interesante. No quise que fuera un libro rockero. Solo el 25 por ciento de los que preguntan son m√ļsicos. Algunos me mandaron tres o cuatro preguntas para que yo eligiera. En fin, que fue una experiencia singular. El cineasta Ra√ļl Perrone, por ejemplo, me pregunt√≥ por qu√© nunca hicimos nada juntos. Y bueno, qued√≥ la idea... ¬†Y as√≠.

Sería extenuante mencionar a todos los que preguntan. Solo digamos que entre los nombres y apellidos de la lista se adivina el mapa vital de Grinberg. La cartografía empezó a definirse en el hogar de una familia de clase media judía, en Villa Crespo. "Mi viejo tenía un taller de marroquinería. Hacía carteras, billeteras y cinturones de reptil, todo muy fino, que vendía a las mejores casas de la calle Florida y la avenida Santa Fe. El taller quedaba en Lambaré 1080 y tenía dos galpones: uno en planta baja y otro en altos. En el de arriba funcionó la redacción de la revista Eco Contemporáneo".

¬ŅPero a qu√© te dedicabas vos?

¬† -Yo al principio ayudaba a mi padre con los n√ļmeros del negocio. Despu√©s me anot√© en la facultad de Medicina. Estuve tres a√Īos en la universidad. Haber dejado Medicina fue la primera gran desilusi√≥n que tuvo mi viejo conmigo, tal vez la √ļnica. √Čl, como todo inmigrante, so√Īaba con m'hijo, el doctor. Se llamaba Samuel y fue un gran aliado en mi vida. Pap√° era radioaficionado. Ten√≠a una radio de onda corta. Fue important√≠simo para m√≠: me met√≠ sin querer en un mundo fascinante.

¬ŅPor qu√©?

¬† -En esa ¬†radio yo descubr√≠ el Hit Parade norteamericano en 1953. Yo andaba por mis dulces 16, y jugando con la sinton√≠a descubr√≠ a Fats Domin√≥, despu√©s a Little Richard y Chuck Berry, a Elvis. Como toda familia de clase media, hab√≠a un combinado de radio y tocadiscos. Yo sent√≠a en ese musiquita el comienzo de una era. Que fue reafirmada por el estreno en 1955 de Semilla de maldad, y el rock and roll de Bill Halley. Tambi√©n pescaba ¬†un programa que hac√≠a el Negro Guerrero Marthineitz en una emisora uruguaya llamada Radio Carve, y otro muy bueno de un disc jockey chileno, Ra√ļl Matas. Esos hallazgos se los debo de alguna manera a mi viejo. Muri√≥ en 1982, por el tabaco. Era un fumador empedernido".

¬ŅCu√°ndo entra la poes√≠a?

  -Estuvo siempre. Pero de un modo rotundo cuando entablo comunicación epistolar con la beat generation, especialmente con Allen Ginsberg, a quien le pedí permiso para traducirlo. Eso fue en 1959. Pero yo ya venía estando atento a todo lo que pasaba. Andaba por la calle Corrientes, iba a los cines arte, estudié actuación, actué, conocí a Antonio Dal Masetto. A Dal Masetto lo conocí porque los dos estábamos enamorados de sendas coristas de una obra de teatro que se daba en Caminito. Con él nos fascinamos con la bossa y nos fuimos a Brasil para saber bien cómo era la cuestión. Pero digamos que la poesía de una manera orgánica aparece en 1962, cuando fundamos Eco Contemporáneo.

Manejando códigos Eco Contemporáneo fue una revista importante para la poesía latinoamericana. Abrió la ventana por la que se mostraron decenas de poetas de la generación del '60, y representó una plataforma decisiva para que Grinberg entrara en contacto con la prensa alternativa de los Estados Unidos y con algo que por entonces era una estrafalaria novedad: la eco-militancia. El líder era Marty Jezer, y Grinberg seguía devotamente cada uno de sus manifiestos.

Esta conexi√≥n con la poes√≠a y la ecolog√≠a norteamericana no era bien comprendida en el contexto del bipolarismo de la Guerra Fr√≠a de los comienzos de la d√©cada del 60 y, como tantos, Grinberg qued√≥ atrapado en una dial√©ctica falaz. Lo cuenta otro pionero inclasificable, Juan Carlos Kreimer, en el pr√≥logo del libro. "A Grinberg muchos lo despreciaban porque no respond√≠a a ninguna l√≠nea ideol√≥gica conocida. Para el establishment era un desertor, para los gatopartidistas era un rojo, para la izquierda, un humanista, que en esos a√Īos era despectivo porque se lo hab√≠an apropiado quienes insist√≠an en una educaci√≥n catequista. Peor a√ļn, era proyanqui porque traduc√≠a a los poetas y escritores norteamericanos, justamente a los m√°s cuestionadores del establishment. Quiz√° no le perdonaban que se carteara con titanes como Henry Miller o Thomas Merton, y que lo considerasen uno de los suyos. Recuerdo una carta que me mostr√≥ de Merton a Miller en la que subraya su ausencia de amargura, frustraci√≥n y autoconmiseraci√≥n".

Desde la revista, que codirig√≠a ya Dal Masetto y cuya redacci√≥n fue bautizada como Reducto de la Flor Solar, fund√≥ una red continental de poetas y escritores que llam√≥ "La Nueva Solidaridad de las Am√©ricas" y que no exclu√≠a a los Estados Unidos. Con el apoyo expreso de una amplio men√ļ literario -Julio Cortazar, Henry Miller, Efra√≠n Huerta- era un lugar de debate en a√Īos calientes. Se discut√≠a fuerte. Todo pod√≠a ser cuestionado. La c√©lebre pol√©mica de los a√Īos 50 entre Camus y Sartre hab√≠a sido ejemplar, y dej√≥ secuelas. En el marco de esa red, Ginsberg, por ejemplo, opinaba que "ninguna Revoluci√≥n puede tener √©xito si prosigue la puritana censura impuesta al mundo por Rusia y los Estados Unidos. ¬ŅTriunfar en qu√©? Triunfar en liberar a las masas de la dominaci√≥n por los secretos monopolistas de la comunicaci√≥n".

Miguel Grinberg con Luis Alberto Spinetta Terrible actualidad.

¬† -S√≠. Era todo un clima. Todo estaba en movimiento. Y todo se cruzaba. En 1964 fui sin pasaje de vuelta a M√©xico para el primer encuentro de Nueva Solidaridad. √Čramos unos 35 poetas de todo el continente. Ten√≠amos las mismas vivencias y las mismas carencias. Empezamos a hablar con la gente de El Corno Emplumado, una revista mexicana muy buena. Yo ya hab√≠a descubierto a Nicanor Parra. Eramos j√≥venes, iconoclastas, contraculturales. De M√©xico me fui para Nueva York, al encuentro con mucha de la gente con la que me carteaba. La idea de transformar la realidad me atra√≠a, y la poes√≠a me parec√≠a transformadora.

En el viaje, en la terminal de micro de El Paso en Texas, escuch√≥ desde una vitrola, por primera vez, a los Beatles. Estaban en plan de conquista de los Estados Unidos y sonaban en todos lados. Para √©l fue otro golpe, como cuando descubri√≥ el rock and roll, pero este fue de knockout. Al regreso articulaba un bagaje cultural de una variedad incomparable. Manejaba los c√≥digos porte√Īos a la perfecci√≥n y, adem√°s, ten√≠a un roce internacional de una fluidez poco habitual entre los de su edad. "Nunca dejo de agradecerle a mi vieja, que me oblig√≥ a ir al Liceo Brit√°nico. Ser biling√ľe fue fundamental en esta historieta", dice. En Buenos Aires se emple√≥ de cronista, empez√≥ a ejercer la cr√≠tica de cine y el periodismo cultural gracias a los contactos que ten√≠a en el diario El Mundo con Ricardo Halac y Edmundo Eichelbaum. ¬†Antes hab√≠a escrito espor√°dicamente en Leopl√°n. "Siempre fui permeable a la informaci√≥n. Creo que est√° en mi naturaleza cierta capacidad para anclar en sitios clave. En esa √©poca curt√≠ fuerte la bohemia de la calle Corrientes. Era socio de varios cineclubes, descubr√≠ a Roberto Arlt en la librer√≠a de viejo Palumbo, de Villa Crespo. Sent√≠a un cosquilleo, sent√≠a que el mundo estaba entrando en una colisi√≥n".¬†

A su vez, no romp√≠a con el pasado. Integraba tradiciones y las pon√≠a en foco. En el libro Bernardo Baraj le pregunta por su v√≠nculo con el tango, por ejemplo. "Soy porte√Īo y el tango es parte de muchos de mis lazos de pertenencia,as√≠ como el folklore nativo. Llevo grabadas en mi alma composiciones como 'Concierto en la luna' (de Osmar Maderna) y 'Taquito militar' (de Mariano Mores), a la par de 'Avellaneda Blues' (Manal) o 'Los elefantes' (Almendra).Tambi√©n las voces de Tita Merello y Hugo del Carril y la obra completa deAstor Piazzolla, a quien entrevist√© para Eco Contempor√°neo en1963, y le organizamos una presentaci√≥n en el Teatro del Altillo. Recuerdo que le llev√© el bandone√≥n desde Florida 640 hasta Tucum√°n 676, su base operativa de entonces. Cuando rompi√≥ con sus socios de ah√≠, alquil√≥ un local enfrente y le puso La Noche. Nos lo prestaba una vez por semana para hacer recitales de poes√≠a (Diana Piazzolla, Horacio Salas y yo). Astor hab√≠a estrenado obras cumbres en el 676, donde comparti√≥ el cartel con John Lewis y el Modern Jazz Quartet, y tambi√©n el grupo vocal brasile√Īo Os Cariocas".

Los extra√Īos de pelo largo Un d√≠a Juan Carlos Kreimer, que escrib√≠a en publicaciones de Editorial Abril, le dijo que ten√≠a que escuchar en el Teatro del Altillo a una banda que hac√≠a algo nuevo: Los Beatniks. La recomendaci√≥n sonaba atractiva para Grinberg. El nombre de la banda condensaba dos de sus m√°s grandes pasiones: la po√©tica beatnik y la m√ļsica. Se acerc√≥ a la sala y qued√≥ maravillado por el talento de Moris y el carisma de Pajarito Zaguri. "Me impresion√≥ la fluidez del canto en castellano y la libertad de las letras". Empez√≥ a perseguir las migas de pan del beat nacional y fue a parar a La Cueva, al Di Tella y otros sitios de la √©poca donde humeaba un caldo espeso. Hasta escribi√≥ algunas canciones propias: se calz√≥ una guitarra y fue, por poco tiempo, un misterioso cantautor que se hac√≠a llamar Morgan X. "Era malo, muy malo", sonr√≠e ahora.¬†

Miguel Grinberg era algunos a√Īos m√°s grande que la mayor√≠a de los m√ļsicos que inventaban, sin saberlo, eso que bautizar√≠an d√©cadas m√°s tarde como rock nacional. Esa peque√Īa y asimismo inmensa diferencia de edad lo puso en otro lugar. Era un veterano de casi 30 a√Īos, y empez√≥ a organizar movidas, a destacar como agitador. En diciembre de 1966 realiz√≥ un hist√≥rico ciclo de tres conciertos en el Teatro de La F√°bula -un subsuelo de Almagro, que subsiste- con Moris, Tanguito, Susana Renzulli, Los Seasons, Bob Vincent. Los conciertos se llamaron "Aqu√≠, all√° y en todas partes", como la canci√≥n de Los Beatles que acaba de salir algunas semana antes dentro del LP Revolver. El t√≠tulo del ciclo marca la extraordinaria condici√≥n de contempor√°neo a lo que ocurr√≠a en el mundo que siempre tuvo Grinberg. Condici√≥n que en la Argentina es sin√≥nimo de vanguardia.

Tempranamente se tom√≥ la cultura pop muy en serio. Fue, por caso, el primero en decodificar al rock argentino en ciclos. Mientras se atomizaba en proyectos radiales y gr√°ficos y se especializaba en disciplinas que combinaban variantes del orientalismo y de la ecolog√≠a, contempl√≥ desde afuera -la √Īata contra el vidrio- el surgimiento de la primera publicaci√≥n sustentable econ√≥micamente dedicada a la cultura rock y sus derivaciones. √Čl, que fue un propalador de los c√©lebres encuentros de "El Parque" en el que circulaban centenares de fanzines caseros de poes√≠a y rock, las llamadas revistas "subte", no form√≥ parte de la redacci√≥n del Expreso Imaginario.

¬ŅQu√© pas√≥?

  -Me condenaron al ostracismo por Cómo vino la mano. Me dijeron que en ese libro yo había mostrado un costado crudo del rock, el del reviente, y que eso iba a fundamentar la represión. Y no fue uno: todos me rechazaron. En un momento se votó si permitían o no la publicidad de Cómo vino la mano en la revista, y ganó ampliamente la negativa. Todo eso me resintió enormemente.

El Expreso se desarroll√≥ entre 1976 y 1982. Mucho se habla de rock y dictadura... ¬ŅQu√© signific√≥ el rock a tu juicio en aquellos a√Īos? ¬ŅResistencia, refugio?

¬† -Mir√°, s√© que es incorrecto, pero para empezar te dir√≠a que la imagen de que los militares eran unos brutos que no entend√≠an nada es un error. Yo ten√≠a un programa en Radio Municipal, Agenda Invisible, al que iban fil√≥sofos, historiadores, y se dec√≠an un mont√≥n de cosas. Mucho m√°s de lo que permit√≠a la censura. Comprob√© que no nos sacaban del aire porque les serv√≠amos para demostrar que ac√° hab√≠a libertad de expresi√≥n. Cuando vino la Comisi√≥n de los Derechos Humanos de James Carter fue as√≠. Como no √©ramos masivos, les conven√≠amos. ¬†Y despu√©s ¬Ņse iban a meter con pibes que intercambiaban revistas de poes√≠a en un parque? No eran boludos. Nosotros √©ramos una resistencia permitida, lo que Marcuse llam√≥ "tolerancia represiva". ¬†Los √ļnicos sitios donde dejaban que se juntara la gente eran durante las peregrinaciones religiosas y en los recitales de rock. Ten√≠an, s√≠, sus herramientas represivas, polic√≠acas, con colectivos de toxicoman√≠a y esas cosas. Pero hay que ver el contexto. Las juventudes pol√≠ticas nos despreciaban. Est√°bamos solos. √Čramos los extra√Īos de pelo largo.

Ni siquiera √©l se acuerda de la cantidad de libros que escribi√≥. En los √ļltimos a√Īos sali√≥ una reedici√≥n actualizada de C√≥mo vino la mano y una reveladora compilaci√≥n de notas del per√≠odo que trabaj√≥ para el diario La Opini√≥n (1975-1980), bajo el t√≠tulo Un mar de metales hirvientes. ¬†"Me cost√≥ entrar en La Opini√≥n. Jacobo Timerman no me quer√≠a. A √©l se le hab√≠a fijado la imagen de una nota que hab√≠a escrito Miguel Brasc√≥, que dec√≠a: 'Hemos visto a Miguel Grinberg, piloso y descalzo, caminando por la calle Florida...' Y era cierto: yo andaba descalzo ¬Ņqu√© quer√©s? era hippie. La polic√≠a me paraba y para que no me llevaran preso le dec√≠a que ten√≠a una enfermedad en la piel que me imped√≠a usar calzado... Timerman no quer√≠a saber nada de tener a un piloso y descalzo en la redacci√≥n.... Al final entr√©".¬†

Muestra m√°s libros. Uno, que edit√≥ √©l mismo ("me cans√© de que nadie me diera bola"), Tiempo de renacer. El principio del principio; ¬†otro, una antolog√≠a por los 25 a√Īos de la revista Mutantia: Nuestro espacio sagrado.

Se desliza por su casa con una natural elegancia, una natural aristocracia. Habla de su fascinaci√≥n por algunos cantautores de la actualidad, de tango, de todo lo que le queda hacer y de su aversi√≥n por la nostalgia. "El se√Īor que nos mira desde ah√≠ me dice todo el tiempo que ma√Īana es mejor", dice y se√Īala una foto de Spinetta de la √©poca de Invisible.¬†

¬ŅSe puede pensar en el ma√Īana a punto de cumplir 80?

¬† -S√≠. Lo que fue, fue; lo que no fue, no fue. S√≥lo nos queda lo que puede ser. Como a todos, me espera la muerte. Un gran misterio: ya me enterar√©. No me atormenta. Estoy satisfecho con lo que hice. La obra es una manera de seguir viviendo en ausencia. Por lo dem√°s, no est√° mal volverse, como dec√≠a Federico Peralta Ramos, un pedazo de atm√≥sfera. Pero no tengo ning√ļn apuro.

Cómo viene la mano

Con Información de Pagina 12

http://entornointeligente.com/articulo/10458963/Como-viene-la-mano-13082017

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