ARGENTINA: Mala fe, ignorancia y un profundo mal gusto - EntornoInteligente

La Nacion / Días atrás, la ex presidenta Cristina Kirchner hizo una presentación ante los medios llena de aseveraciones que invitan a pensar en una persona que no sólo no se hace cargo de la veracidad del contenido de sus dichos, sino que, además, desvaría en el más amplio sentido de la palabra. Según el diccionario de la Real Academia Española, se entiende por desvarío “un dicho o hecho fuera de concierto”, “perder la razón o delirar”, “desigualdad, inconstancia y capricho” y “desunión, división y disensión”. Sólo así y por el profundo temor de ir presa y perder todo lo obtenido ilícitamente podría comprenderse que quien ha ejercido durante ocho años la presidencia y habiendo sido testigo privilegiada de otros cuatro más durante la gestión de su esposo al frente del Poder Ejecutivo, diga hoy las cosas que dice.

En comentarios acerca de la situación política actual, la ex mandataria ha afirmado, por ejemplo: “Estamos frente a un gobierno con una inmensa, inaudita e inédita concentración del poder del Estado nacional, de la provincia de Buenos Aires y de la ciudad de Buenos Aires, al que también se le suma todo el poder privado concentrado. Una concentración de poder a la que la ciudadanía y la sociedad libre le deben poner un límite, porque no es bueno para nadie. Cuando tiene ese poder y siente que la tapa de los diarios, haga lo que haga, va a decir lo que quiera y no lo que pasó; cuando tiene la seguridad de que la televisión sólo va a repetir lo que digan los funcionarios y no lo que pasó; cuando tengan la certeza de que los canales de televisión transmiten lo que el Gobierno quiere y no lo que le pasa a la gente, eso es malo. Pero no es malo solamente porque se engaña a la sociedad. Es malo porque se genera un mareo de poder y de concentración que tal vez sea la causa de la desaparición forzada de Santiago Maldonado”.

Precisamente, para no marearse, habría que considerar por parte sus insólitos conceptos. ¿O acaso estaba hablando ella de sí misma y de su esposo cuando fueron gobierno y concentraron un enorme poder cooptando entidades, medios y empresas? ¿O no fue el kirchnerismo el que usó la billetera del Estado para someter a gobernadores, legisladores e intendentes? ¿Creerá la señora de Kirchner que haber hecho un uso absolutamente discrecional de la pauta oficial de publicidad, para favorecer a los medios dóciles y castigar a los más críticos, no es concentrar poder discriminando al periodismo independiente? ¿Imaginará que es correcto usar y abusar de la cadena nacional para autoelogiarse y perseguir a ciudadanos sembrando antagonismos? ¿Por qué le preocupa especialmente que el gobierno nacional, el porteño y el bonarense estén en manos de Cambiemos, si esa contingencia ha surgido nada más ni nada menos que de comicios democráticos en los que quedó claro que hubo un rechazo hacia el kirchnerismo y sus prácticas? ¿Tanto la perturba la democracia que no puede aceptar una derrota? Y, lo más insólito y al mismo tiempo alarmante: ¿a dónde quiere conducir cuando da por sentada la existencia de supuestas listas negras del Gobierno, que asegura que le hacen recordar tiempos donde quien aparecía en ellas “tenía fuertes probabilidades de no aparecer más o de que le pasara algo feo con su vida”? Si ella y su cada vez más aislado sector político no están en el poder, ¿es todo lo demás asimilable a una dictadura? ¿Le resulta grato politizar el caso Maldonado en el que está en juego la vida de una persona y los sentimientos de toda una familia?

Ha dicho también Cristina Kirchner que si Macri la enviase en un cohete a la Luna para deshacerse de ella, moriría, porque “en la luna no hay vida”. Se hacía eco así de una frase metafórica del Presidente en el sentido de que tenía un listado con 562 personas vinculadas que obstaculizan el cambio, como el detenido gremialista Juan Pablo “Pata” Medina. A esas personas, en palabras del propio Macri, “si los pusiéramos en un cohete a la Luna, el país cambiaría tanto…” Acaso Cristina Kirchner se siente parte de esa mafia y por eso reacciona de la manera inexplicable en que lo hace.

Por su parte, el ex gobernador de Santa Fe Antonio Bonfatti se acopló a los aportes de campaña temerarios: proyectó un escenario apocalíptico en caso de que Cambiemos gane los próximos comicios. “De joven, creía en ese concepto que dice que el pueblo nunca se equivoca. Pero se equivocó con Hitler y ahora se equivoca con Macri”, dijo Bonfatti antes de disculparse frente a la andanada de críticas de las que fue eje.

Recurrir a los episodios más trágicos de la historia e intentar compararlos con la actual gestión presidencial no sólo habla de desesperación y mal gusto, sino de una ignorancia supina. Nadie que se haya conmovido verdaderamente con los trágicos episodios a los que aluden Cristina Kirchner y Bonfatti podría realizar este tipo de comparaciones, sin el menor respeto por las verdaderas víctimas de estas tragedias, por las millones de personas que sufrieron y murieron en condiciones de indescriptible crueldad y sufrimiento.

Resulta también particularmente preocupante y dolorosa la complicidad que obtiene Cristina Kirchner ante este tipo de comentarios por parte de sectores supuestamente intelectualizados que comprenden perfectamente la magnitud de la ignorancia que implican estas comparaciones.

Toda democracia tiene siempre voces destempladas provenientes de los extremos del arco ideológico. Es importante denunciarlas y enfrentarlas. De lo contrario, seguirán ocasionando un profundo daño, un llaga abierta en la convivencia entre los argentinos.

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Con Información de La Nacion

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